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domingo, 13 de diciembre de 2015

Balas y Animales. Federico Uribe. Diferencias y coincidencias con Courtney Timmermans.

Federico Uribe


Courtney Timmermans
No sé si os acordáis de cuando incluimos en nuestra serie dedicada a escultura zoológica basada en el reciclaje de piezas industriales a  Courtney Timmermans y sus cabezas de animales inspiradas en trofeos de caza, realizadas bajo una cobertura de perdigones. En aquella ocasión encontrábamos cierta analogía formal entre las esculturas de Timmermans y las típicas muestras del tradicional arte Huichol de México: cabezas de animales cubiertas por cuentas esféricas, multicolor en el caso de los típicos jaguares del arte Huichol, y de pulido metal en la pacífica reubicación de los proyectiles de caza en el caso de la escultora norteamericana, quien recordaba las muertes de animales por la caza deportiva a la vez que usaba sus simbólicos causantes materiales como forma de acabado de sus símiles de trofeos en los que los animales no son los sacrificados sino las balas, aunque se trate de balas simbólicas, ya que no pasarían de cierta utilidad en caza menor, al tratarse de perdigones de poco calibre.
El colombiano Federico Uribe reincide en el planteamiento de Timmermans, pero lo cierto es que es más preciso, o cuando menos variado, en la selección de la munición empleada, que además es reubicada en analogía a la disposición del pelo de los animales.
Las balas no se limitan a aportar textura, sino que de algún modo conforman la construcción estructural de la pieza escultórica resultante.
El mensaje pacifista y proteccionista es evidente y no necesita excesiva explicación, pero sin duda es una muestra más del creciente protagonismo de la fauna y nuestras relaciones con ella en todo tipo de manifestaciones artísticas, testimonios de un tiempo marcado por una acuciante crisis ecológica.
Como veréis, en algunos casos los proyectiles se adecúan a la representación de ciertas formas del animal sin apuntar exactamente al tipo de bala que se emplearía para cazarlo. De hecho, las balas y cartuchos son dispuestos o modificados para cumplir más eficazmente con su función visual. Además, Uribe no se ciñe exclusivamente a reproducir el formato de los trofeos de pared, aunque de algún modo sus esculturas nos recuerden a la impresión producida por las piezas de taxidermia. Incluso comparten con ellas el estar realizadas con despojos de cacerías, aunque en este caso, dichos despojos no pertenezcan a las piezas cazadas sino a las balas no utilizadas para tan oscuro fin, sino para emular la belleza de los ejemplares salvados de la matanza.

Mafa Alborés.



Uribe ha utilizado otros materiales para componer sus piezas, como trozos de lana para constituir con cierta lógica el revestimiento de su escultura de un carnero, y antaño nos había acostumbrado a sus piezas figurativas construídas con lápices de colores, pero sin duda la recreación de animales susceptibles de ser considerados piezas cinegéticas a base de balas y proyectiles de caza encierra un mensaje conservacionista y pacifista bastante claro y explícito.

 
























Os dejamos con alguno de los comentarios de los que hemos extraído información sobre este trabajo de Uribe, concretamente de Maria Rivas para Vice SinEmbargo.


Federico Uribe: El artista que convierte las balas en animales

El colombiano busca que con su serie Quedemos en paz las balas aporten un nuevo elemento simbólico. Se enfoca en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción.

Por María Rivas Serrano
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Ciudad de México 29 de noviembre (SInEmbargo/ViceMedia).- Esculturas grandes y coloridas creadas con balas de todos los tamaños y figuras han llegado a salas reconocidas de Boston en Adelson Galleries y ahora en Bogotá, en Barcú, exponiendo diferentes animales y paisajes del mundo salvaje. Las balas, que generalmente nos remiten a un lugar oscuro y destructivo, en este caso construyen el pelaje, los dientes y las plumas de leones, zorros, conejos y aves que adornan las paredes blancas de una sala de exposición.
La antítesis simbólica que se presenta en estas obras es de cierto modo problemática. Sin embargo, ese objeto de muerte sirvió de inspiración para el artista Federico Uribe, egresado de Arte de la Universidad de los Andes de Bogotá en 1988, y posteriormente de una maestría en Bellas Artes en Nueva York.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Su trabajo artístico, que en este caso saca belleza de la destrucción, se ha enfocado generalmente en utilizar elementos de la vida cotidiana para crear objetos que pierdan su identidad principal y se conviertan en herramientas que crean algo mucho más grande: torsos de mujeres desde el cuello hasta las piernas hechos con dominós, pedazos de fruta o monedas; flores de todos los tamaños con figuras de metal y cuerpos de mujeres, hombres y niños con pedazos de colores en un lienzo, son algunas de las series que Uribe se ha propuesto crear. Con la utilización de objetos cotidianos, el artista se ha enfocado en crear esculturas que tengan un nuevo significado.
Esta última serie, Quedemos en paz, hecha a base de balas de armas recicladas que compra por peso, construye un mundo salvaje donde sus protagonistas son los animales que hacen parte de nuestra fauna. En este caso, su idea era despertar belleza a partir del símbolo de violencia, pues el reto es demostrar que la vida siempre se renueva y la belleza siempre está presente, así provenga de lo que normalmente no es bello.
A pesar de encontrarse en un país donde la violencia ha sido protagonista por muchos años, esta obra no trata de sumarse a aquellas que la usan como símbolo por sí mismo. Uribe, con sus paisajes del mundo salvaje, tiene un fin puramente estético en el que logra volver a definir las balas en un origen de belleza.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Con su trabajo, Federico se ha propuesto entender el peso simbólico de cada material que utiliza en sus series. Lo importante, pues, es crear sus imágenes con coherencia: que el material de construcción aporte un nuevo elemento al objeto deseado. Se redefinen los objetos con la utilización de más objetos. “Ya una bala no representa lo mismo cuando es expuesta de una manera distinta”, afirma.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
Para crear cada escultura de Quedemos en paz, se requiere de un proceso largo y dispendioso entre el artista y sus dos asistentes para realizar planos acerca de lo que van a construir y cómo van a hacerlo. Cuando ya finalmente tienen un esquema a seguir, empieza la construcción. Cada escultura se demora de tres a cuatro semanas en ser construida, según Federico, en las que hay una planeación del animal y de su postura. Después se juntan las piezas con otros materiales que no quiso revelar por los imitadores.
Por eso sus obras, más que recalcar formas de violencia, se enfocan en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción. Acá, algunas muestras más de la obra.
Foto: Federico Uribe
Foto: Federico Uribe
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Redactora




Esculturas grandes y coloridas creadas con balas de todos los tamaños y figuras han llegado a salas reconocidas de Boston en Adelson Galleries y ahora en Bogotá, en Barcú, exponiendo diferentes animales y paisajes del mundo salvaje. Las balas, que generalmente nos remiten a un lugar oscuro y destructivo, en este caso construyen el pelaje, los dientes y las plumas de leones, zorros, conejos y aves que adornan las paredes blancas de una sala de exposición.

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La antítesis simbólica que se presenta en estas obras es de cierto modo problemática. Sin embargo, ese objeto de muerte sirvió de inspiración para el artista Federico Uribe, egresado de Arte de la Universidad de los Andes de Bogotá en 1988, y posteriormente de una maestría en Bellas Artes en Nueva York.
Su trabajo artístico, que en este caso saca belleza de la destrucción, se ha enfocado generalmente en utilizar elementos de la vida cotidiana para crear objetos que pierdan su identidad principal y se conviertan en herramientas que crean algo mucho más grande: torsos de mujeres desde el cuello hasta las piernas hechos con dominós, pedazos de fruta o monedas; flores de todos los tamaños con figuras de metal y cuerpos de mujeres, hombres y niños con pedazos de colores en un lienzo, son algunas de las series que Uribe se ha propuesto crear. Con la utilización de objetos cotidianos, el artista se ha enfocado en crear esculturas que tengan un nuevo significado.


Esta última serie, Quedemos en paz, hecha a base de balas de armas recicladas que compra por peso, construye un mundo salvaje donde sus protagonistas son los animales que hacen parte de nuestra fauna. En este caso, su idea era despertar belleza a partir del símbolo de violencia, pues el reto es demostrar que la vida siempre se renueva y la belleza siempre está presente, así provenga de lo que normalmente no es bello.
A pesar de encontrarse en un país donde la violencia ha sido protagonista por muchos años, esta obra no trata de sumarse a aquellas que la usan como símbolo por sí mismo. Uribe, con sus paisajes del mundo salvaje, tiene un fin puramente estético en el que logra volver a definir las balas en un origen de belleza.
Con su trabajo, Federico se ha propuesto entender el peso simbólico de cada material que utiliza en sus series. Lo importante, pues, es crear sus imágenes con coherencia: que el material de construcción aporte un nuevo elemento al objeto deseado. Se redefinen los objetos con la utilizacion de más objetos. "Ya una bala no representa lo mismo cuando es expuesta de una manera distinta", afirma.

Para crear cada escultura de Quedemos en paz, se requiere de un proceso largo y dispendioso entre el artista y sus dos asistentes para realizar planos acerca de lo que van a construir y cómo van a hacerlo. Cuando ya finalmente tienen un esquema a seguir, empieza la construcción. Cada escultura se demora de 3 a 4 semanas en ser construida, según Federico, en las que hay una planeación del animal y de su postura. Después se juntan las piezas con otros materiales que no quiso revelar por los imitadores.
Sus esculturas, que evidencian animales majestuosos, son una forma de decirle a los colombianos que "(les) toca asumir responsabilidad de ser una nación, pues ya todos estamos cansados de la guerra". Sin embargo, su obra no es una crítica a la violencia: es, más bien, un proceso de reconciliación. "Yo soy propositivo y los artistas estamos para reconciliar la belleza con la vida en los ojos del espectador. En esta guerra todos somos responsables de lo que hemos vivido, por eso acá no juzgo ni critico a nadie", concluye.


Por eso sus obras, más que recalcar formas de violencia, se enfocan en demostrar que la vida siempre está presente, sea por medio de balas y armas de destrucción. Acá, algunas muestras más de la obra.

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