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lunes, 15 de diciembre de 2014

Demasiados bichos. Un recuerdo a Joan Barril.

Como bien saben los seguidores habituales del animal invisible, este blog nació como una presentación on line de los archivos, escritos y reflexiones acumulados para doctorarme en Imagen por la UAB hace ya unos cuantos años. Mi interés por las artes aplicadas al servicio de la divulgación científica en general y zoológica en particular se vió acrecentado por esta tarea académica en conjunción, cosas del destino, con mi involucración profesional en un proyecto escenográfico del Museo de Cera de Barcelona para el Zoo de la ciudad condal.

Nos acaba de dejar discreta y definitivamente Joan Barril, una serena presencia de la cultura escrita y del periodismo televisivo pausado y profundo, de entrevistas tranquilas y sin prisas en BTV.
Apenas conocía yo al periodista cuando, hace poco menos de un cuarto de siglo, leí un texto que comentaba, entre otras cosas, la construcción del decorado en el que yo trabajaba, los supuestos avistamientos de una misteriosa ave gigante nocturna en el ensanche y la aparición de los restos de un ambuloceto en Pakistán.

El texto de Barril me sirvió en su día como pié a mi propia diserción en "El Árbol de Plástico", segundo bloque de mi trabajo, en uno de sus apartados, y he creído oportuno rescatarlo en recuerdo del periodista, para que, al menos su obra escrita, siga en activo:




Imagen animal
En enero de 1994, un equipo del Museo de Cera en el que yo mismo (con mis compañeros doctorandos Guanarteme Cruz y Eugenio R. Rey) trabajaba, concluyó la escenografía a la que con anterioridad he hecho referencia (decorado: Madagascar, zoo de Barcelona, 1993-94) y, como es comprensible, aguardé con cierta curiosidad y espectación los comentarios que la apertura del recinto suscitaría a través de la versión de la prensa, puesto que los artículos que habían visto la luz antes de y durante la construcción poseían más de una perversión que me llamó poderosamente la atención.
Ya que hablaré de todo ello y algunos otros datos que creo me ayudarán a explicar el conjunto, creo que será oportuno como preámbulo un significativo artículo firmado por Joan Barril (La Vanguardia. Sábado, 15 Enero 1994) titulado “Demasiados Bichos”:

“Se nos ha llenado la ciudad de animales complicados y huídos de las páginas de enciclopedias amarillentas. Una ballena se nos va a buscar novio a América. Otra llega a morir cerca del cementerio del sudoeste. Se nos instala en el zoológico un “pessebre vivent” malgache y aparece en Pakistán otro cetáceo con patas que pudo llegar a ocupar el papel del hombre si en vez de quedarse varado en los marjales de Rawalpindi hubiera “xino-xano” hasta el Edén para que Dios le diera alma, vida y corazón. Por si fuera poco se habla de batidas de jabalies en Collserola y de aves fantásticas que cruzan la noche. Los animales ya no son domésticos, sino exóticos, ya no son de compañia sino de desencuentro”.
“Spielberg ha llenado los anaqueles de los grandes almacenes de bestias incomprensibles en el vano intento de encontrar algún gen que permita reproducirles y regresarles. Mientras tanto perecen los últimos osos de Asturias y mueren los elefantes africanos. La selección natural de las especies intenta dejar al hombre como el único ser de la creación. El resto de animales ya sólo quedarán en las enciclopedias y en la industria de la juguetería. Sorprende esa actitud lacrimógena por el cetáceo muerto en el puerto o por el Ulises que se va, por fín, a buscar a su Penélope a la Itaca de California. Decía Llorenç Villalonga, el gran escritor mallorquín, en su novela Bearn, que los únicos paraísos son aquellos que se han perdido. De ahí debe venir esa finescular fascinación por lo que ya es irrecuperable. Lo más joven es, por supuesto, lo más viejo, lo que ya no tiene otra posibilidad de maquillaje que la recreación, lo que ya no da ni siquiera miedo porque sólo existe en nuestro cine."
"Esa fascinación por los animales perdidos delata una profunda desconfianza por el hombre contemporáneo. Lo decía Picasso, mientras bailaba sobre sus propios cuadros en el verano Provenzal: 'Hace falta vivir mucho tiempo para llegar a ser joven'. Y eso nos sucede a las ballenas y a los ballenatos, a los saurios y a los que algún día fueron lobos para el hombre antes de ser hombres a favor del lobo. En esta curiosa latría que en este final de siglo estamos dando a lo desaparecido hay una cierta crisis de esperanza. Los Paraísos ya no se encuentran delante de nosotros sino que hay que dar marcha atrás para encontrarlos. Era cuando la Tierra astaba vacía de palabras y llena de intuiciones. Cuando todos éramos genuinamente jóvenes y nos veíamos obligados a sentirnos jóvenes por el contraste con la vejez de veinte años. Lo que dicen las agendas recién estrenadas. En cada gota del tiempo hay una frase que nos amarra a otro tiempo inexistente. Y en tanto que inexistente feliz y excitante como todos los nuevos descubrimientos: la ballena móvil, el dinosaurio sonriente, el mono desnudo”.

El texto de Barril se ajusta a ciertas características propias del comentario periodístico y es, por tanto, bastante libre y autoerigido voz de opinión pública generalizada. No obstante, sus reflexiones señalan aspectos de nuestra cultura que normalmente son vividos pero no meditados por la generalidad de la población, que se limita a cumplir con los guiones (en el sentido otorgado por C.M. Stern) que viven sin analizar la objetividad de su visión de las cosas.

Extracto de "El árbol de plástico" ("el animal invisible")

He de decir que desde la mención de este texto de Barril en mi trabajo doctoral he seguido con asiduidad sus artículos y entrevistas, y sin duda soy de la opinión de que su pérdida supone una lamentable muestra de la paulatina pérdida de un estilo periodístico y literario incisivo y reflexivo, de carácter plácidamente crítico y constructivo.