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domingo, 9 de agosto de 2020

Charlie Charmer desde Koprolitos observa la iconografía del dinosaurio en la cultura popular bajo la influencia del Crystal Palace. Benjamin Waterhouse Hawkins como precursor de las volumetrías antrozoológicas.


Enlazamos la fotografía de Lewis Carroll con un tema más directamente relacionado con la antrozoología artística que mejor nos define, y lo hacemos sin abandonar el contexto social e histórico del propio Carroll. 

Nos mantenemos en la era victoriana y reincidimos en recordar el estado de sorpresa constante por las maravillas que suponían los descubrimientos científicos, geográficos y tecnológicos. El final del siglo XIX está marcado por la llegada de la fotografía, del ferrocarril, de la maquinaria de vapor que aceleraría el tiempo en la revolución industrial, pero también contemplaría los cambios de paradigma en la historia natural gracias a la generosa aportación de Alfred Russell Wallace y los escritos de Charles Darwin. También, la Inglaterra finisecular será testigo de la llegada oficial de los dinosaurios a la cultura popular, del descubrimiento y manifestaciones públicas acerca del iguanodón y de la asimilación de sus primeras representaciones tridimensionales en los jardines alrededor del Cystal Palace.

Ya hemos dado cuenta de ello en entradas precedentes, pero hoy podemos añadir una valiosa aportación comentarista y recopilatoria de Charlie Charmer para Koprolitos, acerca precisamente de estas instalaciones paleoantrozoológicas pioneras en el Crystal Palace que anunciaban el advenimiento de los parques temáticos de nuestro presente. Recordemos un extracto de nuestras anteriores publicaciones antes de ofreceros los contenidos que nos facilita Charmer.


Ya en nuestros propios escritos preliminares a la existencia de El Animal Invisible como blog de divulgación de Antrozoología Artística, elaborados en un contexto académico serio, por así decirlo, remarcábamos el hecho de que si existe un caso claro en el que la asimilación de la imagen de un animal era vehiculizada por el trabajo de artistas y no por el de zoólogos es el de los dinosaurios y los animales prehistóricos en general. El tráfico de influencias entre todos ellos era muy abundante y acababa por dejar claro porqué los más admirados, los más ilustres y los mejores eran normalmente los más influyentes y, en definitiva, los creadores de la imagen colectiva de especies concretas, como el dibujo de Durero y el consecuente grabado de Gesner lo fueron en su momento de lo que en Europa se asimiló prácticamente como holotipo gráfico del rinoceronte. Eso es lo que nos recuerda Javi Godoy, también desde Koprolitos, con sus deliciosas entradas dedicadas a paleoilustradores ilustres y sus alargadas sombras, (como ya vimos respecto a Charles R. Knight)
Posiblemente, el ejemplo más paradigmático de lo que estamos diciendo sea el Iguanodon, cuyas primeras representaciones museísticas en los albores de la paleontología durante la época de la Inglaterra victoriana nada tienen que ver con las actuales. Y, casi con certeza, si tuviésemos que mencionar a un artista gráfico con sólidos conocimientos científicos que revolucionase la ilustración científica de los dinosaurios pasándolos de pesados y torpes animales de sangre fría a estilizados y rápidos animales homeotérmicos, tendríamos que referirnos, como hicimos entonces, a Gregory Scott Paul.

Si la película "Dinosaurio", de Disney, estaba protagonizada por Aladar, un ejemplar de iguanodón, está claro que su aspecto físico y su manera de moverse se ajusta a los cánones establecidos por los estudios gráficos de G. S. Paul, pionero en levantar las colas de los dinosaurios del suelo a modo de estabilizador (nunca más como mero apéndice arrastrado absurdamente por el suelo). Tal vez los primeros dinosaurios en movimiento naturalista sean los de "Jurassic Park" de Spielberg, pero tanto su película como la novela original de Crichton deben mucho a los artículos científicos y libros paleontológicos ilustrados por Gregory S. Paul, desmarcándose claramente de la influencia todavía persistente de otros grandes de la ilustración paleozoológica como Z. Burian. 

Desde las primeras esculturas e ilustraciones representando iguanodones (los primeros dinosaurios descritos por la naciente paleontología británica) hasta las volumetrías promocionales del iguanodón de Disney se ha producido una evolución en la que el trabajo gráfico de G. S. Paul es decisiva. Obsérvese la diferencia entre la especulación de los artistas victorianos, con sus consecuentes y famosas recreaciones escultóricas, y las más recientes reproducciones basadas en los concienzudos estudios anatómicos, mecánicos y motrices de Grgory Scott Paul y sus discípulos. 

Diríase que se trata de animales totalmente distintos, no sólo en su aspecto físico sino en el carácter y comportamiento que éste nos sugiere, lo cual nos recuerda que el grado de distanciamiento o capacidad de empatía y comprensión de otras especies es algo que también ha evolucionado, afectando a su representación gráfica tanto como tendríamos que considerar lo inverso: las representaciones gráficas influyen en las consideraciones que podamos tener de un animal concreto a la vez que indican en gran medida qué grado de conocimiento o comprensión tenemos de los demás miembros de la vida natural.

Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme. 
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. 
 
El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda"). 





Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).

 

Según nos indica Joe Cain, (Por qué Benjamin Waterhouse Hawkins creó los dinosaurios de Crystal Palace) el escultor Benjamin Waterhouse, autor de las célebres piezas, tuvo mucho que ver con la promoción de la instalación y con su popularización, más allá de su mera ejecución:


Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace


Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace

Benjamin Waterhouse Hawkins (FGS, FLS) fue el escultor que creó los dinosaurios de Crystal Palace. Específicamente, creó más de treinta estatuas de animales prehistóricos para el Crystal Palace and Park (Sydenham), que se inauguró en junio de 1854. Las estatuas incluían dinosaurios (Iguanodon, Megalosaurus e Hylaeosaurus), reptiles marinos mesozoicos (Plesiosaurus, Ichthyosaurus y Mosasaurus) , otros reptiles extintos (Dicynodon y Labyrinthdon), y mamíferos del Período Terciario (Anoplotherium y Palaeotherium) y del Período Cuaternario (Megaloceros y Glyptodont). Otros fueron planeados pero no construidos.

Hawkins fue un hábil promotor de sus obras. Él diseñó el famoso evento mediático "Cena en el Iguanodon" para la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 1853.

Hawkins habló sobre la fabricación de sus famosas estatuas y sus ambiciones subyacentes para la exposición en su conjunto, en una conferencia nocturna en la Royal Society of Arts el miércoles 17 de mayo de 1854. El Crystal Palace and Park en Sydenham estaba a punto de inaugurar, y la publicidad de ese evento estaba en marcha.


Hay más que publicidad en la conferencia de Hawkins. Las estatuas ofrecían "educación visual", explica. Esto se puede resumir como, "una imagen vale más que mil palabras". Los niños recordarán lo que ven mucho más tiempo que cualquier cosa que puedan leer, argumentó. La educación necesitaba hacer un mayor uso de los materiales visuales, dijo, y los educadores debían trabajar más duro para crear materiales visualmente útiles para el aula.

Junto a su conferencia esa noche, Waterhouse Hawkins también exhibió modelos y dibujos de sus esculturas, así como sesenta fotografías de Philip H. De la Motte (vean algunas de estas fotografías a través de English Heritage o en forma de libro a través de Crystal Palace Foundation). Waterhouse Hawkins pronunció esta charla en otros lugares de Inglaterra durante 1854.
Ilustración de la conferencia pública de Benjamin Waterhouse Hawkins (1854) sobre la creación de dinosaurios de Crystal Palace 












 

The Morning Post (Londres) calificó su charla de “muy interesante y muy capaz” (19 de mayo). The Standard (Londres) también informó sobre la conferencia (19 de mayo). El mismo día, la sociedad publicó la conferencia de Waterhouse Hawkins en su totalidad:

    Waterhouse Hawkins, Benjamin. 1854. Sobre la educación visual aplicada a la geología, ilustrada por diagramas y modelos de las restauraciones geológicas del Crystal Palace. Journal of the Society of Arts 2 (78): 443-449 (vea el original a continuación o mediante Google Books).

El texto de la conferencia de Hawkins se ha reimpreso varias veces. Lo emocionante de leer el original a través de Google Libros es un vistazo al debate posterior a la conferencia. Está claro que su audiencia quedó asombrada por la calidad de su trabajo. También retomaron su punto sobre la educación, sugiriendo que los modelos que había hecho Waterhouse Hawkins podrían copiarse y distribuirse en las escuelas de todo el país.

Hawkins también jugó un papel importante, pero no reconocido, en la creación de la guía para visitantes de las estatuas:

    Owen, Richard. 1854. Geology and Inhabitants of the Ancient World (Londres: Crystal Palace Company), 48 páginas. Edición facsímil de 2013 por Euston Grove Press. ISBN 978-1-906267-36-0.












A continuación, os ofrecemos el extracto del artículo de Charlie Charmer en Koprolitos:

jueves, 9 de julio de 2020


Los dinosaurios de Crystal Palace en la cultura popular

"Prehistoric World" (1962)

Desde que H.G. Wells los incluyera en su novela Kipps (1905), han sido varios los escritores que han tomado la exposición de dinosaurios de Crystal Palace como parte del decorado de sus obras, como Have his Carcase (1932, Dorothy L.Sayers), My Secret History (1989, Paul Theroux), Fanny and the Monsters (1991, Penelope Lively) o End of an Era (1994), donde Robert J.Sawyer menciona la famosa cena de inauguración dentro del iguanodón, y los libros infantiles donde los dinosaurios cobran vida El castillo encantado (1907, E.Nesbit) o Dinosaurs don’t Die (1970, Ann Coates).

Fotograma de In those all Good Days (1922)

También el cine ha tomado la muestra como localización de cintas como la reciente London Fields (2018, Martin Amis), donde sirve de telón de fondo para la conversación de dos personajes. Y por supuesto, ha sido objeto de numerosos documentales, como los de la British Pathé In those all Good Days (1922), Crystal Palace Monsters (1950), Palace Monsters (1954), Restoring Monsters (1959) o Crystal Palace (1967). Entre los más recientes, destaca Back to Life – Crystal Palace Dinosaurs (2018, Tal Amiran) que recoge los trabajos de conservación realizados el invierno de 2016-17 en ocho de las esculturas.

Cartel informando de la reparación de Iggy (foto propia)

El iguanodón, visto por Angelo Torres

Pero ya sabéis que nuestra debilidad es el cómic. La entrega #167A de la serie Classics Illustrated de Gilberton (el cómic más vendido de la historia) se tituló Prehistoric World (1962) y fue dedicado a la evolución de la vida en el planeta. Incluía la historieta de Angelo Torres “In search of the past”, donde se daba cuenta, entre otros eventos, de la expo de Crystal Palace.

Don Glut (1944) creó al detective de lo oculto Dr. Spektor (1972, Mystery Comics Digest #5), desarrollado en su propia cabecera por Jesse Santos (1928-2013). En “Dr. Spektor & Mr.Hyde” (1973, The occult Files of Dr. Spektor #5) tiene lugar una persecución entre las esculturas de dinosaurios de Crystal Palace, si bien muchas de ellas inventadas ya que se trata de especies aún no descubiertas cuando se inauguró la exposición.

"Living in the Past" (1990)
"Living in the Past" (1990)

En la década de los 70, la actriz Carol Ann Ford, que interpretaba a Susan, nieta del primer Doctor Who, se vistió con pieles en el parque, con dinosaurios al fondo, para celebrar el décimo aniversario del Doctor Who. Otra actriz, Sophie Aldred (Ace), volvería a posar con los dinosaurios de Crystal Palace para la portada de la revista Doctor Who Magazine  #162 (1990), que incluía el relato de Andy Lane "Viviendo en el pasado", acompañado con ilustraciones de Cam Smith como ésta en la que Ace monta sobre un dinosaurio. En el cómic “The Crystal Palace” (2009, Doctor Who Adventures #112), de Christopher Cooper/John Ross, el Décimo Doctor intenta llevar a Heather Mc Crimmon a Crystal Palace el 10 de junio de 1854, pero encuentra complicaciones.

Doctor Who Adventures #112 (2009)
Doctor Who Adventures #112 (2009)

La colección Science Comics de First Second Books (2006) incluye Dinosaurs: fossils & feathers (2016, MK Reed/Joe Flood) en la que los autores reproducen la inauguración de la exposición de los dinosaurios de Crystal Palace.

Dinosaurs: fossils & feathers (2016)

viernes, 22 de abril de 2016

Invitación a seguir IMAGINANDO DINOSAURIOS



Para enlazar con nuestra entrada anterior, en la que Jorge Saenz nos demuestra cuán arraigada está en nuestra cultura la iconografía del dinosaurio a través de las representaciones artísticas y la juguetería, me ha parecido oportuno ofrecer un comentario al respecto aprovechando un interesante artículo de Charlie Charmer en Koprolitos.
Recomiendo los recopilatorios de artículos y referencias dinosaurianas de Charlie Charmer. Su serie de artículos bajo el título "Imaginando dinosaurios" no tiene desperdicio y nos recuerda la labor conjunta de artistas, paleontólogos, biólogos y todo tipo de investigadores científicos y gráficos responsables de la imagen que tenemos de los más celebres animales extintos.
Ya en nuestros propios escritos preliminares a la existencia de El Animal Invisible como blog de divulgación de Antrozoología Artística, elaborados en un contexto académico serio, por así decirlo, remarcábamos el hecho de que si existe un caso claro en el que la asimilación de la imagen de un animal era vehiculizada por el trabajo de artistas y no por el de zoólogos es el de los dinosaurios y los animales prehistóricos en general. El tráfico de influencias entre todos ellos era muy abundante y acababa por dejar claro porqué los más admirados, los más ilustres y los mejores eran normalmente los más influyentes y, en definitiva, los creadores de la imagen colectiva de especies concretas, como el dibujo de Durero y el consecuente grabado de Gesner lo fueron en su momento de lo que en Europa se asimiló prácticamente como holotipo gráfico del rinoceronte. Eso es lo que nos recuerda Javi Godoy, también desde Koprolitos, con sus deliciosas entradas dedicadas a paleoilustradores ilustres y sus alargadas sombras, (como ya vimos respecto a Charles R. Knight)
Posiblemente, el ejemplo más paradigmático de lo que estamos diciendo sea el Iguanodon, cuyas primeras representaciones museísticas en los albores de la paleontología durante la época de la Inglaterra victoriana nada tienen que ver con las actuales. Y, casi con certeza, si tuviésemos que mencionar a un artista gráfico con sólidos conocimientos científicos que revolucionase la ilustración científica de los dinosaurios pasándolos de pesados y torpes animales de sangre fría a estilizados y rápidos animales homeotérmicos, tendríamos que referirnos, como hicimos entonces, a Gregory Scott Paul.

Si la película "Dinosaurio", de Disney, estaba protagonizada por Aladar, un ejemplar de iguanodón, está claro que su aspecto físico y su manera de moverse se ajusta a los cánones establecidos por los estudios gráficos de G. S. Paul, pionero en levantar las colas de los dinosaurios del suelo a modo de estabilizador (nunca más como mero apéndice arrastrado absurdamente por el suelo). Tal vez los primeros dinosaurios en movimiento naturalista sean los de "Jurassic Park" de Spielberg, pero tanto su película como la novela original de Crichton deben mucho a los artículos científicos y libros paleontológicos ilustrados por Gregory S. Paul, desmarcándose claramente de la influencia todavía persistente de otros grandes de la ilustración paleozoológica como Z. Burian.
Desde las primeras esculturas e ilustraciones representando iguanodones (los primeros dinosaurios descritos por la naciente paleontología británica) hasta las volumetrías promocionales del iguanodón de Disney se ha producido una evolución en la que el trabajo gráfico de G. S. Paul es decisiva. Obsérvese la diferencia entre la especulación de los artistas victorianos, con sus consecuentes y famosas recreaciones escultóricas, y las más recientes reproducciones basadas en los concienzudos estudios anatómicos, mecánicos y motrices de Grgory Scott Paul y sus discípulos.
Diríase que se trata de animales totalmente distintos, no sólo en su aspecto físico sino en el carácter y comportamiento que éste nos sugiere, lo cual nos recuerda que el grado de distanciamiento o capacidad de empatía y comprensión de otras especies es algo que también ha evolucionado, afectando a su representación gráfica tanto como tendríamos que considerar lo inverso: las representaciones gráficas influyen en las consideraciones que podamos tener de un animal concreto a la vez que indican en gran medida qué grado de conocimiento o comprensión tenemos de los demás miembros de la vida natural.




Recordemos que cuando se especulaba que los dinosaurios serían lentos y pesados, casi incapaces los de mayor tamaño de moverse fuera del agua, estos eran representados junto a ella o sumergidos en ella, y, en cambio ahora, cuando las más recientes teorías apuntan hacia criaturas homeotérmicas, de mayor rapidez de acción, y capacitadas para utilizar sus colas como contrapeso, y no como un apéndice reptante, las ilustraciones de los libros divulgativos sacan a los dinosaurios del agua y los muestran moviéndose por tierra firme. 
Cuando se invoca a un animal, se invoca a sus caracteres físicos, y también a los de comportamiento. El tricerátops, por ejemplo, siempre asociado a una versión antediluviana del rinoceronte, ha sido tradicionalmente dibujado con apariencia pesada. Pero también, como el rinoceronte se ha visto relacionado con la velocidad propia de un ariete capaz de agredir al temible tyranosaurio. Sin embargo, nos han pintado al tricerátops como un obeso y pacífico animal que sólo decargaba su furia en casos extremos, como si la potencia del impacto de su triple cornamenta dependiese sólamente de la inercia de su sobrepeso. La nueva concepción de los dinosaurios, alejada filogenéticamente de los reptiles, cercana a las aves, agilizada por su nueva sangre caliente tenía forzosamente que reflejarse de algún modo en las imágenes de todos sus representantes más populares.
El tricerátops no podía ser menos, como atestigua cierto dibujo de Gregory S. Paul, en el que tres tricerátops, significativamente estilizados, corren hacia nosotros recordándonos un travelling frontal cinematográfico. La sensación de gran angular imprime mayor velocidad a la escena, que muestra oportunamente una vista totalmente frontal del ejemplar que corre a la derecha de la imagen, un medio perfil izquierdo del que ocupa el centro y el flanco izquierdo del tercero, que parece que va a abandonar el margen izquierdo de la ilustración a toda velocidad, sensación acentuada por la polvareda levantada por la estampida (este y otros ejemplos de Gregory S. Paul están reproducidos en las páginas 223, 224, y 230 de Gould, S. J.: "El pulgar del panda"). 






Gregory S. Paul: "Tricerátops"
(reproducido de Gould, S.J.: "El pulgar del panda", p. 223, 224 o 230).


Caracteres físicos como indicadores de pautas de comportamiento, ¿cómo si no funciona la paleontología?. La profundidad del conocimiento que tengamos acerca de ambas categorías en animales similares, o en distintas nociones de un mismo animal, nos hará nombrar distinto o bien usar sinónimos confusos.
Adán pone nombres a los animales, los diferencia con mayor o menor exactitud, poniéndose a sí mismo como parámetro, pero las palabras se mueven con mayor rapidez e imprevisibilidad que cualquier animal.
La pantera y el leopardo, siendo el mismo animal, han generado ilustraciones propias, independientes pero intercambiables, de animales gatunos moteados. Los frecuentes casos de melanismo de este animal han originado un mito científico, entendiendo como tal cualquier creencia nacida de una confusa o errónea explicación científica cuya rectificación posterior arrastra vestigios de dicho error, que ya había calado en la aceptación popular. La ciencia también es tradición. El unicornio es un mito espiritual, el rinoceronte su confirmación. La pantera negra es un mito científico (sería más exacto decir pseudocientífico, pero la pseudociencia sigue los pasos de la "auténtica") que ha perdurado con obstinación en el imaginario de la "ciencia para todos públicos".




Brachiosurus (Gregory S. Paul)
Ilustración extraída de Gould: “El pulgar del panda”, p.224 (ver bibliografía)




Mafa Alborés


Sin más que añadir, de momento, os dejo con el artículo original de Charmer esperando que os despierte la imaginación y os anime a seguir buscando en estos excelentes contenidos que tan a menudo nos brindan los redactores de Koprolitos. Sin duda merece la pena.



http://koprolitos.blogspot.com.es/2016/03/imaginando-dinosaurios-i-despertando-la.html



IMAGINANDO DINOSAURIOS I: DESPERTANDO LA IMAGINACIÓN

Nuestra percepción del grupo de animales dominante durante el mesozoico ha variado con el tiempo. Hasta el siglo XIX sus restos pudieron ser interpretados como huesos de dragón o de gigante. Su irrupción como objeto científico dividió a creacionistas y evolucionistas, y sus descubridores fueron los primeros en darse cuenta de su potencial artístico y literario. En los 40 y 50, se creía que los dinosaurios eran animales estúpidos, condenados a desaparecer pero, a partir de los 70, se convierten en símbolo del éxito de la evolución [1] y en una advertencia para quienes podemos provocar el holocausto nuclear [2]. El siglo XXI los ha llenado de plumas y extendido por cada rincón del planeta.

Después de siglo y medio, lejos de haberse agotado, la ficción con dinosaurios nos sorprende cada día con nuevas propuestas, que se multiplican en una oferta cultural que abarca hoy de los cuentos infantiles a las novelas eróticas. Lo que nos deparará el futuro es imprevisible… aparte de la extinción, obviamente; pero esperemos que aún falte mucho para eso. Mientras tanto, deseamos que disfrutes cuanto puedas con el subgénero y, para que por nosotros no quede, hemos elaborado esta pequeña guía por entregas semanales que confiamos te sea de utilidad.

Charlie Charmer


1. Despertando la imaginación

El guardián del vellocino de oro, regurgitando a Jasón

Muchos autores de la antigüedad analizaron los fósiles correctamente: se trataba de restos de animales marinos que indicaban que la zona del hallazgo había sido alguna vez el fondo del océano [3]. No obstante, cabría plantear si en el origen de algunos mitos clásicos (gigantes [4], grifos [5], dragones [6]…) ha podido mediar el encuentro con algún fósil inexplicable. Sin embargo, a diferencia de los pequeños trilobites o nummulites, los de dinosaurio suelen aparecer fragmentados y dispersos, dificultando su comprensión incluso en aras de la imaginación.

En 1770, los mineros de la colina de San Pedro (Maastricht) encontraron un maxilar de mosasaurio a 455 metros de profundidad, que acabó en las manos del profesor del Museo Nacional de Historia Natural de París Georges Cuvier (1769-1832), que lo clasificó como especie extinta pese al dogma del plenum de la creación divina. Poco después, Cuvier bautizó e identificó como saurio extinto a un pterodáctilo [7]. Como sabemos, estas fascinantes criaturas no son dinosaurios aunque sean coetáneas, como sucede con el ictiosaurio que Mary Anning [8] (1799-1847) descubre en 1811 en sus paseos por los acantilados de Dorset.

Georges Cuvier, por Zdenek Burian

El primer fósil dinosauriano será el de un megalosaurio que encuentra en 1824 en una cantera de Stonesfield el reverendo William Buckland (1784-1856), profesor de mineralogía en Oxford que planteó la tesis bíblica del diluvio (sólo que repetidas veces) para justificar su extinción. Sus descubrimientos excitaron la imaginación de colegas contemporáneos, entre los que Allen A. Debus [9] sitúa a los pioneros de la ficción con dinosaurios.

William Conybeare [10] (1787-1857) flirteó con la ciencia-ficción al ilustrar y escribir un poema en 1822 en el que Buckland viajaba en el tiempo al entrar en una cueva y descubrir hienas primitivas vivas.

Henry de la Beche (1796-1855) también dibujó a Buckland en una cueva observando a animales extintos vivos –incluyendo ictiosaurios y pterosaurios- (A coprolitic vision, c.1830), y en Duria antiquior (1830) plasma sus descripciones de los descubrimientos de Mary Anning. Además, en Awful changes se burla de la tesis del geólogo Charles Lyell [11] (1797-1875) de que los cambios climáticos periódicos de la Tierra podrían llegar a conllevar la reaparición de los grandes saurios.

Duria antiquior

Otros geólogos harán incursiones en la literatura, como Edward Hitchcock [12] (1793-1864), que en 1836 publicó el poema The sandstone bird inspirado por la huella de un dinosaurio (un pájaro preadamita, según él). El leit-motiv de todas estas obras es que la Tierra alberga increíbles tesoros en su interior, escenario inevitable de muchos de los primeros relatos de dinosaurios.

La primera referencia literaria fuera del mundo de la ciencia es un simple guiño en el primer párrafo de Casa desolada (1852) de Charles Dickens (1812-70), que no vuelve a referirse a fauna extinta en toda la obra y no utiliza el término “dinosaurio” acuñado en 1841 por Richard Owen [13], que ese mismo 1852 construyó junto al artista Benjamin Waterhouse Hawkins [14] (1807-94) 33 modelos a escala real para el Crystal Palace.

Iggy en restauración. Tomada por quien suscribe en Crystal Palace en noviembre

En 1861 se publica la póstuma Paris avant les hommes, una curiosa narración novelada con afán pedagógico de otro científico, Pierre Boitard (1789-1859). En esta ocasión, el autor no se adentra en cuevas oscuras, sino que es llevado por los aires por un diablo [15] que le muestra toda la fauna extinta conocida en su tiempo.

El 25 de noviembre de 1864 aparece Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne (1828-1905), ilustrada por Edouard Riou [16] (1833-1900). Verne va más allá de los relatos o ilustraciones en que reviven seres extintos en cuevas, explotando la creencia de la tierra hueca [17]. Aunque sólo aparecen saurios marinos y no dinosaurios, su tremendo éxito [18] catapultará la paleoficción.

Ilustración de Riou para Viaje al centro de la Tierra

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[1] Debus, A.A. (2013) “An overview of paleoimagery” en Dinosaur sculpting. Jefferson (North Carolina): Mc Farland & Co.
[2] Sanz, J.L. (2002) Starring T.Rex! Bloomington: Indiana University Press.
[3] En el siglo VI a.C., Anaximandro llega a afirmar que la vida surgió del agua y que el hombre provenía de otra especie, Jenófanes (ss.VI-V a.C.) deduce que el nivel del mar varió con el transcurso del tiempo. Estrabón (ss. I a.C.-I d.C.) explicará los fósiles encontrados en el desierto con estas tesis que, a través de Avicena (980-1037), llegan al Renacimiento. Shen Kuo (Mengxi bitan, 1088) deduce de las conchas fosilizadas de la montaña de Taihang que, en un pasado remoto, la provincia de Shanxi estuvo bajo el mar. Du Wan (Catálogo de rocas del bosque brumoso, c.1133) describe conchas y peces, tratando de aclarar las causas de su fosilización.
[4] Así interpretaron los restos de grandes vertebrados que los indígenas americanos mostraron a los conquistadores autores como Francisco López de Gomara (Historia de la conquista de México, 1552), Pedro Cieza de León (Crónica del Perú, 1553), Antonio de Herrera y Tordesillas (Historia general de los hechos de los castellanos, 1601-1615), Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera de la conquista de Nueva España, 1632) o Reginaldo de Lizárraga (Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, 1908).
[5] Véase Mayor, A (2000) The first fossil hunters: paleontology in greek & roman times, Princeton University.
[6] Pese a la creencia general, los dragones han surgido de la inspiración de los hombres utilizando como modelos a serpientes y cocodrilos, esto es, animales contemporáneos. El término “dragón” proviene del griego δράκων (latín: “draco”), que significa igualmente “serpiente”, y tal era era el aspecto que ofrecían en la antigüedad clásica, como se aprecia en la siguiente imagen, que retrata al guardián del vellocino de oro, regurgitando a Jasón. Teniendo en cuenta que en la Biblia la serpiente representa al diablo, es comprensible que la influencia judeocristiana no fuera positiva para estas criaturas, cuya fisonomía se transformará en el medievo, -tal vez- a la luz del descubrimiento de nuevos fósiles o por influencia china, a través del testimonio de Marco Polo:
“En esta provincia hay grandes culebras y serpientes, tan enormes que causan terror. Son horribles, de 10 pasos de largo y gordas como un haz de trigo; tienen dos piernas delanteras cerca de la cabeza, pero sin pies y sólo con una como las del león o del halcón. La cabeza enorme y los ojos como un pan. La boca tan amplia, que se tragarían a un hombre entero de una vez.” Polo, M. (1983). Libro de las maravillas (Mauro Armiño, trad.). Madrid: Anaya (Original de 1299).
El descubrimiento de América supuso la toma de contacto con nuevos restos y mitos, entre los que destaca la serpiente emplumada olmeca y sus equivalentes maya (Kukulkán) o azteca (Quetzalcoátl). También los indios norteamericanos imaginaban dragones, sobre todo serpientes acuáticas. Muchas tribus usaban fósiles como amuletos o medicinas y hay pinturas anasazi en Utah cerca de icnitas de dinosaurio, que los iroqueses arrancaban en bloques de roca que llamaban “uki”, con fines religiosos. Las faldillas usadas en la danza Hopi de la Serpiente están adornadas con icnitas tridáctilas de dinosaurio, en las que también inspiraron sus petroglifos los indígenas de Paraíbo, en Brasil. Pereda Suberbiola, X. y Díaz-Martínez, I. (2011). “Los fósiles de dinosaurios como Geomitos” en Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, vol.19, nº2, pp. 141-148
Chang Qu describió en Crónicas de Huayang (siglo IV a.C.) unos posibles restos de dinosaurio hallados en Sichuán como huesos de dragón, cuyo hallazgo también se atestigua en el año 133 a.C. durante el trabajo en un canal en Historia de la Antigua Dinastía Han (c.100 d.C.). A comienzos de 2015, al descubrirse los restos del qijianglong, se especuló sobre que la forma alargada de los dragones orientales pudiera deberse al hallazgo de cuellos de saurópodo, aunque la teoría más consolidada los relaciona con cocodrilos.
[7] Descubierto en Eichstätt (Bavaria) en 1784 por Cosmo Alessandro Collini.
[8] En 1824 encuentra un plesiosaurio completo y en 1828 un pterodáctilo, que Buckland describió el siguiente año a la Sociedad Geológica de Londres.
[9] Debus, A.A. (2002) Paleoimagery. Jefferson (Carolina): Mc Farland & Co; (2006)Dinosaurs in fantastic fiction. Jefferson: Mc Farland & Co.
[10] Propuso a Gideon Mantell asignar el fémur que había hallado en 1825 en Brighton -que creía de megalosaurio- a un iguanodon. En 1832, Mantell descubrió el hylaeosaurus en el bosque de Tilgate.
[11] Ferviente defensor de las teorías de su amigo Charles Darwin, en Principios de geología (1830-33) asume la tesis uniformista de James Hutton (1726-97) frente al catastrofismo de Cuvier o Buckland.
[12] En 1835-48 descubrió icnitas que atribuyó a aves hasta que Thomas Henry Huxley (1825-95) aclaró que eran de dinosaurio.
[13] En la reunión de la Asociación Británica del Colegio Real de Cirujanos de Plymouth del 2 de agosto propuso agrupar megalosaurio, iguanodon e hylaeosaurus en un solo género, caracterizado por dedos cortos en el pie, cinco vértebras fundidas en el cinturón pélvico y hábitat terrestre. Owen creía que, al ser reptiles de sangre fría, se extinguieron al variar la temperatura.
[14] En 1868 montó el primer esqueleto de dinosaurio (un réplica de hadrosaurio) –el primer esqueleto real se montó en 1901- y proyectó el Museo paleontológico de NY, que destruyó el mafioso “Boss” Tweed en 1871. También realizó reconstrucciones para la Universidad de Princeton o el centenario de la independencia en Filadelfia.
[15] Ya había utilizado este recurso en sus Estudios astronómicos (en Musée des familles, 1838-40). Otro astrónomo, Camille Flammarion (1842-1925) publicó Le Monde avant la création de l'homme (1885), con 400 grabados.
[16] Dibujó dinosaurios para El mundo antes del diluvio (1865, Louis Figuier).
[17] Identificada en la antigüedad con el infierno al que bajarán Gilgamesh, Orfeo o, más tarde, Dante. Edmond Halley (1656-1742) elucubró sobre el tema buscando explicaciones a las desviaciones magnéticas. Antes de Verne, había ambientado obras fantásticas comoEl mundo ardiente (1666, Margaret Cavendish), La vida, aventuras y viaje a Groenlandia del Reverendo Padre Pierre de Mesange (1720) de Simon Tissot de Patot (1655-1738) -también pionero del subgénero de los “mundos perdidos” con flora y fauna prehistórica enViajes y aventuras de Jacques Massé (1714)-, Relación de un viaje del Polo Ártico al Antártico a través del centro de la Tierra (1723, Anónima), Lamékis (1735, Charles de Fieux), Viaje subterráneo de Nicolás Klims (1741, Ludvig Holberg), Icosamerón (1788, Giacomo Casanova), Symzonia (1820, Adam Seaborn), Cuento improbable (1825, Faddei Bulgarin), La narración de Arthur Gordon Pym (1833, Edgar Alan Poe) o Laura (1864, George Sand).
[18] Entre otros, la han adaptado -algunos muy libremente- al cine Henry Levin (1959), José M. Fernández Unsain (1965), Juan Piquer (1976), Rusty Lemorande y Albert Pyun (1989), Jean-François Laguione (2001, animación) o Eric Brevig (2008), a televisión William Dear (1993), George Miller (1999), T.J. Scott (2008) o –animados- Hal Sutherland (1967), Claudio Biern Boyd (1993) y Laura Sepherd (1996), y al cómic Albert Kanter (Classics illustrated #138, 1957), Víctor Mora/Luis Casamitjana (Joyas literarias juveniles #21, 1971) o Lewis Helfand/ Vinod Kumar (2011).