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sábado, 21 de febrero de 2015

Animales y el consumo de plantas psicoactivas

¿Por qué los animales ingieren plantas psicotrópicas?, se pregunta Johann Hari, y cuando dice plantas, en realidad se refiere a cualquier fuente de sustancias psicoactivas, como podéis comprobar en el siguiente vídeo, por ejemplo, en el que vemos que incluso los venenos de ciertos animales pozoñosos son buscados con los mismos fines





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Aunque Johann Hari ya es un referente bien conocido en la divulgación de la sociología de los estupefacientes, como otros importantes estudiosos y divulgadores del tema como, en nuestro país, los magníficos escritos de Antonio Escohotado ("Aprendiendo de las drogas"), hoy lo traemos a colación entre nuestros archivos por la reciente publicación de un artículo suyo en referencia al consumo de drogas por parte de diferentes especies animales como pretexto básico para arrancar su argumentación sobre la naturalidad del consumo de drogas en los seres humanos, un hecho que sería equiparable a la búsqueda de alimentos o de relaciones sexuales, es decir: a la satisfacción de las necesidades más directamente relacionadas con nuestros instintos animales básicos.


Os ofrecemos un extracto traducido del texto original, y os recomendamos visitarlo en su enlace original para disfrutarlo al completo:


¿Por qué los animales comen plantas psicoactivas?

Johann Hari, autor de Chasing the Scream: El primer y último día de la guerra contra las drogas, aprende sobre los elefantes borrachos, el búfalo de agua drogado, y la mangosta colocada.

Por Johann Hari
Naciones Unidas dice que la justificación de la guerra contra las drogas es construir "un mundo libre de drogas - podemos hacerlo!" los funcionarios del gobierno de Estados Unidos están de acuerdo, subrayando que "no hay tal cosa como el uso recreativa de drogas". Así que esto no es una guerra  para detener la adicción, al igual que en mi familia, o el uso de drogas adolescente. Es una guerra para detener el consumo de drogas entre todos los seres humanos, en todas partes. Todos estos productos químicos prohibidos deben ser detenidos y removidos de la tierra. Eso es para lo que estamos luchando. 

Empecé a ver esta meta de modo diferente después de que me enteré de la historia de los elefantes borrachos, el búfalo de agua colocado, y la mangosta flipada.Todos ellos fueron me fueron mostrados por un notable científico  de Los Ángeles llamado Profesor Ronald K. Siegel. 

 La tormenta tropical en Hawai había reducido la casa de la mangosta a una masa de barro, y acostado allí, en medio de la suciedad y el agua, estaba la hembra de la mangosta - muerta-. El profesor Siegel, un asesor oficial de cabello plateado a dos presidentes de Estados Unidos y de la Organización Mundial de la Salud, observaba esta escena. La mangosta encontró el cadáver, y tomó una decisión: quería salir de su mente. 
Dos meses antes, el profesor había plantado un potente alucinógeno llamado gloria plateada matutina en el corral. Las mangostas la habían probado, pero no parecía  gustarles: tropezaban dando vueltas desorientadas durante algunas horas y se habían mantenido al margen de la planta desde entonces. Pero no ahora. Afectado por el dolor, la mangosta empezó a masticar. En poco tiempo, se había entonado y dejado llevar. Resulta que esto no era un suceso anormal en el reino animal. Es de rutina. Como joven investigador científico, a Siegel le había sido confiado por su supervisor que los humanos eran la única especie que buscan drogas a utilizar para su propio placer. Pero Siegel había visto gatos arremetiendo contra la hierba gatera - que, como él sabía, contiene sustancias químicas que imitan las feromonas de la orina de un gato macho; se preguntaba, ¿estaría realmente su supervisor en lo cierto? Dado el número de especies en el mundo, no habrá entre ellas otras que quieren viajar, drogarse o emborracharse? Esta pregunta le puso en un camino que le llevaría veinticinco años de su vida, el estudio de los hábitos del consumo de drogas de los animales desde las mangostas de Hawai a los elefantes de Sudáfrica a los saltamontes de la Checoslovaquia de la ocupación soviética. Era una misión tan inverosímil que en un campo de marihuana en Hawai, fue tomado como rehén por los traficantes de drogas locales, porque cuando les dijo que estaba allí para ver lo que sucedía cuando mangostas comían marihuana, pensaron que era la peor tapadera de la policía que habían oído nunca. Lo que Ronald K. Siegel descubrió parece extraño al principio. Lo explica en su libro "Intoxication": 


Después de probar el néctar adormecedor de ciertas orquídeas, las abejas caen al suelo en un estupor temporal, entonces vuelven a por más. Las aves se hartan de bayas embriagantes, para luego volar con  imprudente abandono. Los gatos olfatean ansiosamente plantas aromáticas "del placer", y luego juegan con objetos imaginarios. Las vacas que ramonean hierbas  de especial rango se contorsionan, agitan y tropiezan de nuevo hasta las plantas a por más. Los elefantes, a propósito, se emborrachan de frutas fermentadas. Los aperitivos de "hongos mágicos" provocan que los monos se sienten con la cabeza en sus manos en una postura que recuerda a El pensador de Rodin.


La búsqueda de la intoxicación por parte de los animales parece tan sin sentido como apasionada. Muchos animales se involucran con estas plantas, o sus aliados manufacturados, a pesar del peligro de efectos tóxicos o venenosos. 
El Arca de Noé, según descubrió Siegel, se habría parecido mucho a Londres el sábado por la noche. "En todos los países, en casi todas las clases de animales", explica Siegel, "He encontrado ejemplos de, no sólo accidental, sino uso intencional de las drogas". En Bengala Occidental, un grupo de 150 elefantes irrumpieron en un almacén y bebieron una enorme cantidad de "luz de luna". Tan borrachos  iban que en un alboroto causaron la muerte a cinco personas, así como la demolición de siete edificios de hormigón. Si le das a hash a los ratones machos, se ponen calientes y buscan a las hembras - pero luego se encuentran con "apenas pueden trepar por las hembras, y mucho menos montarlas", así que después de un rato bostezan y comienzan a lamer sus propios penes.

Extraído de Johann Hari de Chasing the Scream: El primer y último día de la guerra contra las drogas. Disponible en Amazon.



La perspectiva humanizante de las expresiones animales es engañosa. Ya hemos hablado de la engañosa sonrisa del delfín o de la procedencia de la expresión del miedo de nuestra propia sonrisa humana. Per el hecho es que la imagen de un animal drogado no se corresponde con nuestra propia expresión del estupor o el placer producido por un estado psicotrópico que desate la risa o la sonrisa. Es por ello que el uso de un buscador on line para encontrar imágenes de animales drogados sólo conduce a memes basados en fotos, retocadas o no, en las que los rostros de los animales, por diferentes circunstancias más o menos casuales, parecen sonreír. Se trata de un engañoso juego visual que atañe también a menudo al tipo de actitud que representan los actores cuando sus personajes se hallan supuestamente bajo el influjo de alguna droga que no necesariamente produce euforia hilarante. No sería lo propio del consumo de cocaína o de anfetaminas, pero suele llegarse, sobre todo en el mundo de la comedia, a una especie de estado que imita una borrachera leve de alcohol o el consumo moderado de marihuana o haschís.
Los diferentes efectos de las diferentes drogas no sólo dependen de sus particulares efectos, sino del particular estado físico y anímico del individuo en el momento de su consumo, así como su porqué, o si el consumo es voluntario o accidental. Con respecto al consumo voluntario, también habría que matizar cuándo de produce por la mera búsqueda de un estado alternativo de consciencia y percepción o cuándo las circunstancias presionan al animal, humano o no, a buscar una solución a un sufrimiento psíquico o físico que produce sus propias endorfinas. A menudo, las drogas no buscan sino corregir los efectos de las drogas que de forma natural segrega nuestro cerebro.
Hari nos lo explica con ejemplos que ponen en su sito justo a las imágenes como las que ilustran este texto:

En Vietnam, los búfalos de agua siempre han rechazado las plantas de opio locales. No les gustan Pero cuando las bombas estadounidenses empezaron a caer a su alrededor durante la guerra, los búfalos abandonaron sus hábitos normales de pastoreo, irrumpieron en los campos de opio, y empezaron a masticar. Entonces ofrecían un aspecto un tanto mareado y embotado. Cuando estaban traumatizados, al parecer, querían - como la mangosta, como nosotros - escapar de sus pensamientos.
***

Seguí volviendo a la promesa de la ONU para construir un mundo libre de drogas. Hubo un hecho, por encima de todos los demás, que seguí colocando junto a ella en mi mente. Es un hecho que parece a primera vista tan obvio como instintivamente erróneo. Sólo el 10 por ciento de los consumidores de drogas tienen un problema con su sustancia. Alrededor del 90 por ciento de las personas que utilizan una droga -la inmensa mayoría-no son perjudicados por ella. Esta cifra no proviene de un grupo a favor de la legalización, sino de la Oficina de las Naciones Unidas para el Control de Drogas, el coordinador global de la guerra contra las drogas. Incluso William Bennett, el zar antidrogas más agresivo en la historia de Estados Unidos, admite: "Los usuarios no adictos aún constituyen el grueso de nuestra población involucrada con las drogas."

Esto es difícil de discutir, pero difícil de asimilar. Si pensamos en la gente que conocemos, parece aproximadamente cierto que sólo una pequeña minoría de mis amigos que beben se hayan vuelto alcohólicos, y sólo una pequeña minoría de las personas que conozco que consumen drogas una noche se hayan vuelto adictos .

Pero si ustedes reflexionan acerca de cómo estamos entrenados para pensar acerca de las drogas, esto parece instintivamente erróneo, incluso peligroso. Todo lo que vemos en la esfera pública son las bajas. El uso ileso en un 90 por ciento queda en el ámbito privado, y rara vez oyen acerca de ello o lo ven. El dañado 10 por ciento, por el contrario, son las únicas personas a las que nunca vemos consumir drogas en las calles. El resultado es que el perjudicado 10 por ciento componen el 100 por ciento de la imagen oficial. Es como si nuestra única foto de los bebedores fuera una persona sin hogar tirado en una acera sorbiendo ginebra a palo seco. Esta impresión se refuerza luego con todo el poder del Estado. Por ejemplo, en 1995, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llevó a cabo un estudio científico masivo sobre la cocaína y sus efectos. Descubrieron que el "uso experimental y ocasional son, con mucho, los tipos más comunes de uso y su compulsivo uso disfuncional es mucho menos común." El gobierno de Estados Unidos amenazó con cortar la financiación a la OMS a menos que suprimiera el informe. Nunca se ha publicado; sabemos lo que dice sólo porque se filtró.
Mientras escribo esto, me siento incómodo. El 10 por ciento que han resultado perjudicados son más vívidos para mí, son algunas de las personas que más quiero. Y hay otra razón, más compleja por la que me siento incómodo escribiendo acerca de esto. Para cualquier persona que sospeche que necesitamos reformar la legislación sobre drogas, hay un argumento más fácil de realizar, y un argumento más difícil de realizar.

El argumento más fácil es decir que todos estamos de acuerdo en que las drogas son malas - sólo que la prohibición de drogas es aún peor. He defendido este argumento en debates en el pasado. La prohibición, dije, no detiene el problema, simplemente se amontonan otra serie de desastres en el desastre ya existente del consumo de drogas. En este argumento, todos somos antidrogas. La única diferencia es entre los prohibicionistas que creen que la tragedia del consumo de drogas puede ser tratada por más celdas de la cárcel en California y más jeeps militares en las calles de Juárez y los reformadores que creen que la tragedia del consumo de drogas puede ser tratado desplazando esos fondos para educar a los niños y tratar a los adictos.



Hay mucho de verdad en este argumento. Es donde mis instintos mienten. Pero -tal como trato de abordar este problema- tengo que admitir que es sólo una verdad a medias.

Aquí, creo, se halla el argumento más honesto y con más fuerza. Algunos consumos de drogas causan daños horribles, como yo sé muy bien, pero la inmensa mayoría de las personas que usan drogas prohibidas lo hacen porque consiguen algo bueno de ellas -una noche de diversión y baile, la capacidad de cumplir con un plazo, la posibilidad de dormir bien por la noche, o conocimientos sobre las partes de su cerebro a los que no podían llegar a por su cuenta-. Para ellos, es una experiencia positiva, que hace sus vidas mejores. Es por eso que muchos lo eligen. No están sufriendo de falsa conciencia, o arrogancia. No tienen que ser detenidos al hacerse daño a sí mismos, porque no se están perjudicando a sí mismos. Como el escritor estadounidense Nick Gillespie dice

"Lejos de que nuestros medicamentos nos controlen, en general controlamos nuestros medicamentos; Como el alcohol, la motivación principal es disfrutar de nosotros mismos, no para destruirnos a nosotros mismos. . . Hay una cosa tal como el uso responsable de medicamentos, y es la norma, no la excepción ".
Así, a pesar de que está en contra de mis instintos, me di cuenta de que no podía ofrecer un relato honesto sobre el consumo de drogas en este libro si hablaba sólo sobre el daño que causa. Si hablo en serio sobre este tema, también tengo que mirar cómo el consumo de drogas está profundamente generalizado - y en su mayoría positivamente.
***

Las historias del profesor Siegel sobre  vacas zumbadas abejas colocadas es, según él, una historia sobre nosotros. Somos una especie animal. Tan pronto como las plantas comenzaron a ser comidas por los animales, por primera vez -camino de regreso en la prehistoria, antes de que el primer ser humano diera sus primeros pasos- las plantas evolucionaron químicos para protegerse de ser devoradas y destruidas. Pero estos productos químicos podrían, pronto resultó, producir efectos extraños. En algunos casos, en lugar de envenenar a los depredadores de la planta, que -por casualidad- alteraron su conciencia. Es cuando el placer de conseguir evadirse entra en la historia. Todos los niños humanos experimentan el impulso desde el principio: es por eso que cuando eras pequeño te gustaba dar vueltas y más vueltas, o contener la respiración para conseguir un mareo. Sabías que iba a hacerte enfermar, pero tu deseo de cambiar tu conciencia un poco - para experimentar un nuevo y desconocido estado - superabas tu aversión a la náusea.


Nunca ha habido una sociedad en la que los seres humanos no buscaran  estas sensaciones con frecuencia. En lo alto de los Andes en 2000 aC, hacían pipas por las que fumaban hierbas alucinógenas. Ovidio decía que el éxtasis inducido por fármacos era un regalo divino. Los chinos cultivaban opio allá por el año 700. Alucinógenos y sustancias químicas causadas por la quema de cannabis se encontraron en fragmentos de pipas de arcilla de la casa de William Shakespeare. George Washington insistió en que a los soldados estadounidenses se les diese whisky todos los días como parte de sus raciones.

"La ubicuidad del uso de drogas es tan sorprendente",
concluye el médico Andrew Weil , que "debe representar un apetito humano básico". El profesor Siegel afirma que el deseo de alterar nuestra conciencia es "la cuarta unidad" en todas las mentes humanas, junto con el deseo de comer, beber y tener relaciones sexuales, y que es "biológicamente inevitable." Esto nos proporciona momentos de liberación y alivio.
***

Miles de personas acudían a un festival de diez días en septiembre donde planeaban - después de una larga racha de trabajo duro- encontrar algo de emisiones químicas, relajación, y jolgorio. Se encontraban con que las drogas se pasaban entre la multitud libremente, a cualquier persona que quisiera. Todos los que las tomaban pronto sentían una increíble oleada de éxtasis. Luego vinieron las vívidas, sorprendentes alucinaciones . De repente se sentían, como expuso un asistente, algo que era "un nuevo, sorprendente, irracional conocimiento racional."

Algunas personas regresaron todos los años porque se prendaron de esta experiencia. Mientras la multitud atestada y gritaba y cantaba, se hizo evidente que era una extraordinaria mezcla de seres humanos. Había campesinos que acababan de terminar su cosecha, y algunas de las más grandes celebridades. Entre sus nombres-a lo largo de los años- se incluían Sófocles, Aristóteles, Platón y Cicerón.

El ritual anual en el Templo de Eleusis a dieciocho kilómetros al noroeste de Atenas, era una fiesta de drogas a gran escala. Sucedía cada año durante dos mil años, y cualquiera que hablase la lengua griega era libre de ir. Harry Anslinger decía que el consumo de drogas representa "nada menos que un asalto a los fundamentos de la civilización occidental", pero aquí, en los fundamentos reales de la civilización occidental, el consumo de drogas fue ritualizada y celebrada.

Descubrí por primera vez este hecho mediante la lectura de la obra del crítico británico Stuart Walton en un libro brillante titulado "Out of it", y luego he seguido con algunas de sus fuentes, que incluyen la obra del profesor R. Gordon Wasson, profesor Carl Ruck, y otros escritores.


A todos los que asistían a los misterios de Eleusis se les hacía jurar guardar el secreto sobre lo que allí pasaba, por lo que nuestro conocimiento se basa en fragmentos de información que se registraron en sus últimos años, ya que estaba siendo suprimido. Sabemos que una taza especial que contenía un brebaje químico misterioso de alucinógenos se pasaba entre la multitud, y un estudio científico, años más tarde, parecía probar que contenía una relación molecular de LSD tomado de un hongo que infesta los cultivos de cereales y causa alucinaciones. Los contenidos químicos de esta copa eran vigilados cuidadosamente durante el resto del año. Las drogas eran legales -de hecho, este uso de drogas era organizado por funcionarios públicos- y reguladas. Se podían utilizar, pero sólo en el templo designado para esos diez días. Un día, en el año 415 aC, un general asistente a la fiesta llamado Alcibíades  incautó parte de la misteriosa droga y y se la llevó de contrabando a su casa para consumo de sus amigos en sus fiestas. Walton escribe: "Atrapado en posesión, con intención de abastecimiento, fue el primer criminal de tráfico de drogas."

Pero si bien se trataba de un delito fuera del Templo y otros espacios cerrados, era una gloria dentro de él. Según se deduce, era Studio 54 combinado con la Basílica de San Pedro -juerga con reverencia religiosa-.

Creían que las drogas les llevaban más cerca de los dioses, o incluso hacían posible que se conviertan en dioses mismos
El clasicista Dr. D.C.A. Hillman escribió que los "padres fundadores" del mundo occidental eran usuarios de drogas, así de simple: cultivaban material, vendían material, y más importante, utilizaban material. . . El mundo antiguo no tenía a Nancy Reagan,  no libraba una guerra contra las drogas de mil millones de dólares, no encarcelaba a personas que consumían drogas, y no abrazó la sobriedad como una virtud. Se entregó. . . y a partir de este mundo en el que las drogas eran una parte universalmente aceptada de la vida surgió el arte, la literatura, la ciencia y la filosofía. . . Occidente no habría sobrevivido sin estos llamados adictos y traficantes de drogas.

Hubo algunas quejas política durante unos años acerca de que las mujeres se comportan con demasiada libertad durante sus trances, pero este festival anual terminó sólo cuando la festividad de la droga se estrelló en el cristianismo. Los primeros cristianos querían que hubiera una ruta al éxtasis, y sólo una ruta -a través de la oración a su Dios-. No debes sentir nada profundo o placentero excepto en nuestras ceremonias en nuestras iglesias.


Hari continúa su argumentación con referencias acerca de la conducta sexual humana en relación a los tabúes sociales, que básicamente intentan ignorar la condición orgánica del cerebro humano, que reduciría las ensoñaciones y fantasías sexuales al resultado de la interacción de las diferentes sustancias químicas que participan en el procesado de información en nuestro cerebro, pero la observación de conductas de alteración de la consciencia, con fines sexuales o evasivos, en diferentes especies animales, vuelve a tomar relevancia en su argumentación:

Después de veinticinco años de ver ratones drogados, elefantes borrachos, y mangostas en trance, Ronald K. Siegel me dice que sospecha que ha aprendido algo acerca de esto. "No somos tan diferentes de las demás formas de vida a
nimal de este planeta", dice.

Cuando ve a la gente que rabian contra todo uso de drogas, se desconcierta. "Están negando su propia química", dice. "El cerebro produce endorfinas. ¿Cuándo se producen endorfinas? En el estrés y el dolor. ¿Cuáles son las endorfinas? Son compuestos similares a la morfina. Es un fenómeno natural en el cerebro que les hace sentirse bien. . . La gente se siente eufórica a veces. Estos son los cambios químicos -el mismo tipo de cambios químicos, con las mismas estructuras moleculares, que estas plantas que utilizamos para hacer nuestras drogas están produciendo. . . Todos estamos produciendo las mismas cosas ".

De hecho, continúa, "la experiencia que se tiene durante el orgasmo es parcialmente química -es una droga. ¿Así que la gente niega querer esto? ¡Venga! . . . Es divertido. Es agradable. Y es química. Esa es la intoxicación". Parece detenerse por un momento para pensar de nuevo sobre todos los animales con alto consumo de drogas que ha visto en todos estos años. "Yo no veo", dice, "diferencia alguna  venga de donde venga el producto químico".

Está en nosotros. Está en nuestros cerebros. Es parte de lo que somos.



Johann Hari es un periodista británico que ha escrito para el New York Times, Le Monde, el diario Los Angeles Times, The Independent, The Guardian, Slate, la Nueva República y la Nación. Se ha informado en muchos países, desde el Congo a Venezuela. Fue nombrado dos veces Periodista del Año por Amnistía Internacional del Reino Unido, galardonado con el Premio Martha Gellhorn por hacer de la escritura política un arte, y más tarde nombrado periodista del año por Stonewall





Ni que decir tiene que podéis encontrar mucha más información sobre el autor en la red, y sus artículos suelen tener bastante seguimiento y repercusión en los medios de divulgación y las redes sociales.
Como ejemplo, os transcribimos uno de los comentarios a sus trabajos publicado recientemente en la versión digital del Huffington Post:









Se ha descubierto lo que probablemente causa la adicción, y no es lo que tú crees

Publicado: Actualizado: 
MARRIAGE FAIL











Hace ahora cien años que las drogas se prohibieron por primera vez. En todo este siglo de guerra contra las drogas, nuestros profesores y gobiernos nos han contado una historia sobre la adicción. Esta historia está tan arraigada en nuestra mente que ya la damos por hecho. Parece algo obvio. Parece manifiestamente cierto. Hasta que hace tres años y medio comencé un viaje de 48.000 kilómetros con mi nuevo libro,Chasing The Scream: The First And Last Days of the War on Drugs, para descubrir lo que realmente impulsaba la guerra contra las drogas, o eso creía. No obstante, lo que aprendí en el camino es que casi todo lo que nos han contado sobre la adicción es falso; hay una historia diferente a punto de ser contada, si es que estamos dispuestos a escucharla.
Si absorbemos esta nueva historia, tendremos que cambiar mucho más que la guerra contra las drogas. Tendremos que cambiarnos a nosotros mismos.
Yo lo aprendí de una mezcla extraordinaria de gente que conocí en mis viajes. De los amigos supervivientes de Billie Holiday, que me ayudaron a entender que el fundador de la guerra contra las drogas la acechó y contribuyó a matarla. De un médico judío, al que sacaron de un gueto de Budapest siendo un bebé para después revelar los secretos de la adicción siendo adulto. De un camello de crack transexual de Brooklyn que fue concebido cuando su madre, adicta al crack, fue violada por su padre, un agente de policía de Nueva York. De un hombre al que un dictador torturador retuvo en un pozo durante dos años y después fue elegido presidente de Uruguay para dar comienzo al final de la guerra contra las drogas.
Tenía un motivo bastante personal para querer saber esas respuestas. Uno de mis primeros recuerdos de niño es intentar despertar a un familiar y no ser capaz. Desde entonces, le he dado vueltas al misterio esencial de la adicción: ¿qué provoca que algunas personas se queden fijas en una droga o en un comportamiento sin poder parar? ¿Cómo ayudamos a esas personas a que vuelvan? A medida que me hago mayor, otro de mis familiares cercanos desarrolló una adicción a la cocaína y yo tuve una relación con un adicta a la heroína. Vamos, que estoy familiarizado con la adicción.
Si al principio me hubieras preguntado qué provoca la adicción a las drogas, te habría mirado como si fueras idiota, y habría dicho: "Pues las drogas". No hay más que rascar. Pensé que lo llevaba viendo toda mi vida. Todos lo podemos explicar. Imagina que tú y yo y otras 20 personas que pasan por la calle tomaran una potente droga durante 20 días. Esas drogas tienen sustancias químicas muy adictivas, así que si lo dejáramos el día 21, nuestro cuerpo necesitaría esas sustancias. Tendríamos un mono terrible. Seríamos adictos. Eso es lo que significa la adicción.
Una de las formas en que esta teoría se estableció por primera vez fue mediante experimentos de ratas, que se inyectaron en la mente de los americanos en la década de los 80 con una famosa publicidad de Partnership for a Drug-Free America. Puede que os acordéis. El experimento es simple. Pon una rata en una jaula con dos botellas de agua. Una sólo con agua. La otra con heroína o cocaína diluida. Casi todas las veces que lleves a cabo este experimento, la rata se obsesionará con el agua con droga y volverá a por más hasta que muera.
El anuncio explica: "Una sola droga es tan adictiva que nueve de cada diez ratas de laboratorio la consumirán. Cada vez más. Hasta la muerte. Se llama cocaína. Y puede hacerte lo mismo a ti".
No obstante, en los setenta, un profesor de Psicología de Vancouver llamado Bruce Alexander descubrió algo extraño en este experimento. La rata está sola en la jaula. No tiene otra cosa que hacer aparte de tomar drogas. ¿Qué ocurriría, se preguntaba, si se intentara de otra manera? Entonces, el profesor construyó un parque para ratas (Rat Park). Se trata de una jaula de diversión en la que las ratas tenían pelotas de colores y la mejor comida para ratas y túneles para corretear y muchos amigos: todo lo que una rata querría. Alexander quería saber qué ocurriría.
En el parque de ratas, todas probaron los dos botes de agua porque no sabían qué contenían. Pero lo que sucedió fue sorprendente.
A las ratas que llevaban una buena vida no les gustó el agua con droga. En general, evitaban beberla y consumían menos de un cuarto de las drogas que tomaban las ratas aisladas. Ninguna murió. Mientras que las ratas que estaban solas e infelices se hicieron adictas, no le ocurrió lo mismo a ninguna de las que vivía en un entorno feliz.
Al principio pensé que era sólo una particularidad de las ratas, hasta que descubrí que al mismo tiempo estaba teniendo lugar un experimento equivalente en humanos. Se llamaba la Guerra de Vietnam. La revista Time informó de que el consumo de heroína era "tan común como mascar chicle" entre los soldados estadounidenses, y hay evidencias claras que lo respaldan: un 20% de los soldados estadounidenses había desarrollado adicción a la heroína allí, según un estudio publicado en losArchivos de Psiquiatría General. Muchas personas estaban comprensiblemente aterradas; creían que un gran número de adictos volvería a casa cuando terminara la guerra.
No obstante, un 95% de los soldados adictos -de acuerdo con el mismo estudio- dejó las drogas. Muy pocos se sometieron a rehabilitación. Pasaron de una terrorífica jaula a un lugar agradable, por lo que ya no querían tomar drogas.
El profesor Alexander defiende que este descubrimiento es un profundo reto tanto para la visión de derechas de que la adicción es un fracaso moral debido a los excesos hedonistas, como para la visión liberal de que la enfermedad es una enfermedad que tiene lugar en un cerebro químicamente secuestrado. De hecho, defiende que la adicción es una adaptación. No eres tú. Es tu jaula.
Después de la primera fase de Rat Park, el profesor Alexander continuó con sus pruebas. Repitió los primeros experimentos, en los que las ratas estaban solas y consumían la droga de forma compulsiva. Dejó que la consumieran durante 57 días. Luego las sacó del aislamiento y las situó en el parque para ratas. Quería saber si al caer en ese estado de adicción, el cerebro está tan secuestrado que es imposible recuperarse. ¿Las drogas se apoderan de ti? De nuevo, lo que ocurrió fue sorprendente. Parecía que las ratas tenían síntomas de abstinencia, pero pronto dejaron de consumir tantas drogas y volvieron a llevar una vida normal. La jaula buena las salvó. Las referencias completas de todos estudios que cito están en el libro.
Cuando me enteré, me quedé impactado. ¿Cómo podía ser? Esta nueva teoría es un ataque tan radical sobre lo que siempre nos han dicho que parece imposible, irreal. Pero a cuantos más científicos entrevistaba y más estudios leía, más cosas descubría que parecían no tener sentido, a menos que se tuviera en cuenta este nuevo enfoque.
Este es un ejemplo de un experimento que ocurre a tu alrededor y que quizá también te ocurra a ti algún día. Si sales hoy a correr y te rompes la cadera, probablemente te den diamorfina, el nombre médico de la heroína. En el hospital hay mucha gente que recibe heroína como calmante por un largo período. La heroína que te da el médico tiene una pureza y potencia mucho mayor que la de la heroína que se consume en la calle, que venden y adulteran los delincuentes. Por tanto, si la antigua teoría de la adicción es cierta -las drogas la provocan; hacen que tu cuerpo las necesite-, entonces es obvio lo que debería ocurrir. Un montón de gente, al salir del hospital, iría por las calles pidiendo heroína para seguir con su hábito.
Pero ahí está lo extraño: que, virtualmente, nunca ocurre. El doctor canadiense Gabor Mate fue el primero en explicarme que los consumidores clínicos lo dejan sin más, a pesar de que se han estado drogando durante meses. La misma droga, utilizada durante el mismo período de tiempo, convierte a los usuarios de la calle en adictos desesperados, mientras que no afecta a los pacientes médicos.
Si sigues creyendo -como me pasaba a mí antes- que la adicción está provocada por sustancias químicas, esto te resultará incomprensible. Pero si crees la teoría de Bruce Alexander, el puzle empieza a cobrar sentido. Los adictos callejeros son como las ratas de la primera jaula, aislados, solos, con una sola vía de escape a su disposición. El paciente médico es como las ratas de la segunda jaula. Vuelve a casa a una vida rodeada por la gente que ama. La droga es lo mismo, pero el entorno es diferente.
Esto nos da una visión que va mucho más allá de la necesidad de entender a los adictos. El profesor Peter Cohen defiende que los seres humanos tienen una necesidad profunda de apego y de crear vínculos. Es así como obtenemos satisfacción. Si no podemos conectar con las personas, conectaremos con cualquier cosa que encontremos, el zumbido de una ruleta o el pinchazo de una jeringuilla. Afirma que deberíamos dejar de hablar sobre "adicción" en general para empezar a llamarlo "apego". Un adicto a la heroína se ha adherido a ella porque no ha podido vincularse con otra cosa hasta ese punto.
Por tanto, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Es la conexión humana.
Cuando me enteré de todo esto, descubrí que poco a poco me estaba convenciendo, pero me seguían asaltando algunas dudas. ¿Decían esos científicos que las sustancias adictivas no tenían nada que ver? Entonces me explicaron que puedes hacerte adicto al juego y nadie piensa que te inyectas un paquete de cartas en las venas. Puedes tener todo tipo de adicciones sin que impliquen ningún componente químico. Un día fui a una reunión de Jugadores Anónimos en Las Vegas (con el permiso de todos los presentes, que sabían que estaba ahí para observar) y vi que eran tan adictos como los cocainómanos y heroinómanos que conocía. Y aun así, no había sustancias químicas adictivas de por medio.
Con todo, seguía preguntándome si los componentes químicos desempeñaban algún papel. Resulta que hay un experimento que daba la respuesta precisa, y que aprendí gracias al libro The Cult of Pharmacology, de Richard DeGrandpre.
Todo el mundo sabe que fumar tabaco es uno de los hábitos más adictivos. Las sustancias químicas del tabaco proceden de una droga llamada nicotina. Cuando se crearon los parches de nicotina a principios de los noventa, creció el optimismo: los fumadores podrían saciar su adicción sin sufrir los efectos perniciosos (y mortales) de los cigarrillos. Serían liberados.
No obstante, el Departamento del Cirujano General reveló que el 17,7% de los fumadores son capaces de dejarlo usando parches de nicotina. Esto tiene su importancia. Si las sustancias químicas llevan al 17,7% de la adicción, como esto demuestra, son millones de vidas arruinadas a nivel mundial. Esto significa que la historia que nos han contado de que La Causa de la Adicción son las sustancias adictivas es verdadera, pero es sólo una pequeña parte de un panorama mucho mayor.
Todo esto tiene grandes implicaciones en la guerra contra las drogas que lleva lidiándose todo un siglo. Esta guerra masiva que, como he visto, mata a gente desde México a Liverpool, está basada en la afirmación de que necesitamos erradicar físicamente un montón de sustancias químicas que interceptan el cerebro de la gente y provocan adicción. Pero si las drogas no son la causa de la adicción -si, en realidad, es el desapego lo que la provoca-, vuelve a resultar incomprensible.
Por irónico que parezca, la guerra contra las drogas realmente incrementa todas esas causas de la adicción. Por ejemplo, fui a una cárcel en Arizona, Tent City, donde los presos están aislados en diminutas cuevas de piedra (The Hole [El Agujero]) durante semanas para castigarlos por el uso de drogas. Es la recreación humana más próxima a las jaulas que garantizaban la adicción mortal de las ratas. Cuando esos prisioneros salgan, no tendrán posibilidades de trabajo por sus antecedentes penales; estarán incluso más aislados. Es lo que he comprobado a través de todas las historias humanas que he descubierto a lo largo y ancho del mundo.
Hay una alternativa. Se puede construir un sistema diseñado para ayudar a los adictos a reconectar con el mundo y dejar atrás sus adicciones.
No es algo teórico. Está ocurriendo. Lo he visto. Hace casi 15 años, Portugal tenía uno de los peores problemas de drogas en Europa: el 1% de la población era adicta a la heroína. Probaron una guerra contra las drogas y el problema no hizo más que empeorar. Entonces decidieron hacer algo radicalmente diferente. Pensaron despenalizar todas las drogas y utilizar todo el dinero que antes gastaban en arrestar y encarcelar a los drogadictos en reinsertarlos y reconectarlos con sus propios sentimientos y con la sociedad. El paso más importante es conseguirles un alojamiento seguro y un trabajo para que tengan un objetivo en la vida y algo por lo que levantarse cada mañana. Yo vi cómo les enseñaban en clínicas cálidas y acogedoras a reconectar con sus sentimientos tras años de trauma y de silencio con las drogas.
Me enteré de que un grupo de adictos recibió un préstamo para crear una empresa de mudanzas. Eran un grupo, todos conectados entre sí y con la sociedad, responsables del cuidado de cada uno.
Los resultados de todo esto ahora están aquí. Un estudio independiente del British Journal of Criminology descubrió que desde la total despenalización, había disminuido la adicción, y el uso de drogas inyectadas había bajado un 50%. Repito: el uso de drogas inyectadas se redujo un 50%. La despenalización ha sido un éxito tan evidente que muy pocas personas en Portugal quieren volver al antiguo sistema. El que más campaña hizo contra la despenalización en 2000 fue Joao Figueira, inspector jefe del cuerpo de narcóticos de Portugal. Hizo todas las advertencias nefastas que se esperarían del Daily Mail o de Fox News. Pero cuando estuvimos juntos en Lisboa, me dijo que no ocurrió nada de lo que había predicho... y que ahora espera que todo el mundo siga el ejemplo de Portugal.
Esto no sólo afecta a las personas drogadictas a las que quiero. Es relevante para todos nosotros, porque nos obliga a pensar de forma diferente sobre nosotros mismos. Los seres humanos son animales de vínculos. Necesitamos apego y amor. La frase más sabia de todo el siglo XX fue el "conecta tan sólo", de E. M. Forster. Pero hemos creado un entorno y una cultura que nos impide la conexión, o que ofrece sólo la parodia de ello a través de internet. El aumento de la adicción es un síntoma de una enfermedad más profunda de la forma de vida que llevamos, que dirige constantemente nuestra mirada hacia el próximo objeto brillante que deberíamos comprar en lugar de hacia los seres humanos que nos rodean.
El escritor George Monbiot lo ha llamado "la era de la soledad". Hemos creado sociedades humanas en las que es más fácil que nunca que la gente carezca de conexiones humanas. Bruce Alexander, el creador de Rat Park, me dijo que durante mucho tiempo hemos estado hablando exclusivamente de la recuperación de la adicción de forma individual. Ahora tenemos que hablar de la recuperación social, el modo en que todos nos recuperamos, unidos, de la enfermedad del aislamiento que nos invade como una espesa niebla.
Pero esta nueva prueba no sólo supone un reto políticamente hablando. No sólo nos obliga a cambiar la mente. Nos obliga a cambiar nuestro corazón.
Amar a un adicto es realmente duro. Cuando miraba a los adictos a los que quiero, siempre estaba tentado de seguir los consejos para un amor difícil promovidos por losrealities como Intervention (dile al adicto que se reponga o deshazte de él). Su mensaje es que deberíamos evitar a los adictos que no lo van a dejar. Es la lógica de la guerra contra las drogas, importada a nuestras vidas privadas. No obstante, aprendí que así sólo acrecentará su adicción y acabarás perdiéndolos. Llegué a casa decidido a unirme más que nunca a los adictos que conocía, para hacerles saber que los quiero de forma incondicional, independientemente de si lo dejan o si no pueden dejarlo.
Cuando volví de mi largo viaje, miré a mi exnovio, con síndrome de abstinencia, temblando en la cama de invitados, y pensé en él de otra forma. En el último siglo, hemos estado cantando canciones de guerra sobre adictos. Mientras le secaba la frente, se me ocurrió que deberíamos haberles cantado canciones de amor.
La historia completa del viaje de Johann Hari -contada a través de las historias de la gente que conoció- se puede leer en su libro 'Chasing The Scream: The First and Last Days of the War on Drugs', publicado por Bloomsbury. El libro ha recibido elogios de todo el mundo, desde Elton John hasta Glenn Greenwald, pasando por Naomi Klein. Puedes leer más sobre el libro en www.chasingthescream.com.
Johann Hari hablará sobre su libro el 29 de enero a las 19.00, hora estadounidense (la 1:00 en la Península), en la librería Politics and Prose, en Washington DC. El 30 a mediodía estará en Nueva York en la 92nd Street Y. El 4 de febrero por la tarde estará en la librería Red Emma en Baltimore.
Las referencias y las fuentes bibliográficas de toda la información citada en este artículo se pueden encontrar en las extensas notas del libro.
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Este post apareció originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.