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martes, 4 de noviembre de 2014

Amores selváticos de Ana Teresa Barboza



Una buena amiga me ha llamado la atención sobre un artículo de Josune Imízcoz para Playground acerca de la obra de Ana Teresa Barboza, en particular sobre su proyecto "Animales familiares"


Yo ya conocía su proyecto "Tejiendo el instante", una interesante reflexión sobre nuetra percepción del tiempo y de la naturaleza a través del mundo vegetal y su representación mediante técnicas textiles.




No creo que merezca una mención en nuestro blog simplemente por ofrecernos imágenes de animales mediante una técnica más o menos original, ya que también remite a la puntada manual, a los tejidos bordados con punto de cruz como un recuerdo sobre el origen natural de los tejidos, por una parte, y un apunte de que la evolución de los tapices y la trama que constituye sus imágenes desembocaría en los telares, las primeras máquinas que desencadenan la revolución industrial, responsables de las primeras imágenes rasterizadas, análogas las imágenes digitales de mapas de bits que invaden y soportan nuestra cultura visual.










Es frecuente que, en los trabajos de esta artista peruana, los seres humanos sean reproducidos con carboncillo o con grafito, en blanco y negro, sin textura táctil, mientras que las formas animales y vegetales se reproducen con tejidos llenos de textura y color, que invitan a una experiencia táctil, aunque la textura óptica de sus dibujos destaquen precisamente los rasgos naturales del ser humano que normalmente domesticamos por asociarlos a nuestra animalidad, especialmente el cabello.




Los humanos de las obras de Barboza envidian la misteriosa condición que los demás animales no han perdido, y que en cuya piel qusiéramos reencontrar.



Sus trabajos evocan también una cierta culpabilidad por la muerte de un mundo natural rico en color y en textura, no racionalizado.




Recomiendo la visita de su blog/página web para una mejor comprensión del alcance de sus obras, de las que selecciono una pequeña muestra de aquellas que ilustran los intereses antrozoológicos del Animal Invisible.






Reproduzco a continuación la presentación de su serie Animales Familiares a cargo de la poetisa Tilsa Otta, seguida del artículo de Josune Imízcoz y su selección de imágenes de la artista.

ANIMALES FAMILIARES

 Si quieres puede ser puro
 Pero para mí puro es salvaje


 Como el primer día del sol

 Ana cose para descocerse, compone para descomponerse a colores.
Antes hizo latente la condición material del vestido, deshilándolo, deshilachándolo, y continuó con su piel y órganos internos.
Una buena/nueva temporada de cosecha, de excavaciones, deja al descubierto otra capa de pintura: bajo la civilización y las buenas maneras subyace la profundidad animal de la tierra. Tal como suena.

 (Hoy la naturaleza es representada con una frivolidad que espanta. Es un decorado, styling, un look, un recurso estético sin mayor discurso o significado. Como si fuera una fantasía.
A inicios del siglo veinte los futuristas hablaban de las máquinas sin aliento, con el arrobamiento del tesoro descubierto; en nuestros tiempos ¿la representación reiterada del reino animal evidencia un universo antiguo y sublimado, un sueño recurrente?)

En las escenas de Ana la fauna encarna, la piel no es animal print. Nos recuerda que somos nosotros, bajo esta construcción residencial y funcional. Cuando aceleras el auto y tocas el claxon, cuando sales de cacería, cuando saciar el hambre o el sueño es lo único, cuando no piensas en nada, y miras al vacío…
y estamos iluminados, cuando nos chupamos los dedos, unos a otros, protegemos con la vida a nuestros hermanos, cuando volamos, amaestramos y depredamos; cuando somos vitales y sencillos, invasión bordada, peluda, de piel desbordada. Si errar es humano, el lado salvaje es nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos. Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.  
Cuando los animales atacan.

 Tilsa Otta
8 de septiembre de 2011

http://anateresabarboza.blogspot.com.es/

http://www.playgroundmag.net/noticias/historias/Puntadas-salvajes-pasion-animal_0_1340865906.html





Historias

Puntadas salvajes para una pasión animal

Las creaciones de la peruana Ana Teresa Barboza reproducen, con carboncillo e hilo, escenas de amores selváticos
"Si errar es humano, el lado salvaje es nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos. Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.
Cuando los animales atacan".
Estas palabras de la poeta Tilsa Otta acompañan a la serie Animales Familiares de Ana Teresa Barboza, una artista plástica peruana que teje universos humanamente salvajes en sus creaciones.
Combinando la técnica del bordado y la del dibujo, Barboza nos transporta, puntada a puntada, a lienzos en los que el instinto animal se vuelve humano, y el humano, animal. Como bestias que se besan ferozmente, que se lamen las heridas en un gesto compañero, o que sucumben a un certero mordisco en la yugular, sus personajes reproducen las texturas de una pasión selvática.
Los hilos que recorren sus dibujos a carboncillo crean un relieve que invita al espectador a alargar la mano y pasar los dedos por encima; las ganas de tocar son las mismas que las que sentimos cuando como somos víctimas de un zarpazo de lujuria. Y es que, cuando los humanos aman, se parecen mucho a los animales que atacan.