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sábado, 22 de abril de 2017

Rafel Bestard y su iconografía animalística



Rafel Bestard y su iconografía animalística nos ilustran hasta qué punto la imagen de los animales invade el arte figurativo contemporáneo. Le dedicamos hoy esta entrada porque lo teníamos entre nuestros borradores desde hace ya un tiempo a causa del hallazgo del cuadro con el que abrimos este comentario, en el que el híbrido de cordero y cánido, esa especie de lobo disfrazado de cordero, nos recuerda más al perro que debería cuidarlo, planteándonos además la pregunta de si protege a la muchacha que emerge del agua o es un peligro para ella, aunque, una vez sentadas las bases de los juegos de equívocos bien conocidos (¿siguen, entonces, siendo equívocos?) ¿no es lícito preguntarse si no será la aparentemente inocente humana el auténtico peligro para el lobo disfrazado de perro disfrazado de cordero? Sin duda ninguna de estas cuestiones tiene sentido fuera de nuestra propia percepción de las cosas, filtradas por los vestigios culturales, por nuestra antrozoología histórica.

La pintura fotorrealista de Bestard está marcada por el advenimiento de los fotomontajes digitales, y por tanto es hija del Photoshop, que posiblemente le sirva como base referencial, a la manera en que las fotografías y fotomontajes de laboratorio inspiraban a los pintores pop de los 70s y 80s.
Trasladar el resultado obtenido al soporte de tela con auténtica pintura y pigmentos se nos antoja como una especie de legitimación de la imagen obtenida posiblemente innecesaria iconográficamente, pero sin duda revalorizadora artísticamente al sugerir las exigencias de los conocimientos técnicos necesarios para su elaboración y, desde luego, aumentan el valor material del objeto, de la mercancía, más duradero y contundente que su hipotética versión impresa digitalmente.

Pero sobre todo el proceso sirve para homogeneizar visualmente todas las imágenes obtenidas y subrayar un hecho: que el autor se siente, ante todo, pintor. y es con la tradición iconográfica y simbólica de la historia de la pintura con lo quiere conectarse. Lo hace a través de una simbología animal un tanto intuitiva, improvisada, como la carga poética sugerida por la aliteración de palabras de un cadáver exquisito. El tópico recurso del desnudo femenino joven, bello y sexualmente sugerente, asociado a la presencia de los diferentes animales que muestra en sus imágenes Bestard, nos remite de nuevo al viejo truco temático o argumental de contrastar la animalidad humana más materialista y simultáneamente idealizada (la deseable belleza femenina desde la perspectiva dominantemente posesiva del macho) con la animalidad ajena y alternativa, hermosa pero carente de connotaciones eróticas, en una especie de evocación del paraíso perdido al que Bestard mira con cierto ojo crítico, dotando de una latentemente violenta superioridad incluso a sus figuras infantiles, algo rayano en el recurso fácil cuando contemplamos a sus caperucitas rojas semidesnudas orinando sobre unos lobos que no sabían con quién se estaban metiendo. Bellas y Bestias.

En definitiva, yo diría que nos encontramos ante una aliteración de tópicos recursos narrativos y visuales disfrazados de pintura seria o meticulosamente estudiada amparandose en su mera ejecución técnica, pero siempre cabe la posibilidad de que el autor sea muy consciente de ello o que sencillamente realice la pintura que le dé la gana como le da la gana y que haya un público dispuesto a seguirle.

Sin duda ha conseguido llamar nuestra atención y ganarse un merecido puesto entre los pintores que recurren a una cierta antrozoología simbólica para crear sus particulares ensueños visuales en los que la propia tradición iconográfica de la pintura y la fotografía sugieren su influencia o se manifiestan de forma evidente, como la imagen de la niña vestida anacrónicamente en una estancia decorada con una reproducción de la célebre fotografía de Neil Armstrong reflejado en el casco de "Buzz" Aldrin que domina la escena, en la que casi pasa desapercibido el gorila blanco yaciente en el sofá, sin duda copiado de una de tantas fotografías de Copito de Nieve (el único gorila albino conocido) en el zoo de Barcelona. No es difícil establecer relaciones simbólicas entre los diversos elementos de la imagen a partir de su mera presencia, pero precisamente esto es lo que despierta nuestras sospechas sobre la credibilidad del autor en este sentido, cosa que tampoco supone un problema grave para que lo apreciemos más o menos, ya que en definitiva lo importante es que muchas de sus imágenes nos parecen genuinamente atractivas y técnicamente notables.

Si deseáis una perspectiva alternativa acerca del trabajo de Rafel Bestard contemplad la selección que sigue para juzgar vosotros mismos o leed el comentario que le dedicó en su día Nadia Paz para Arte al Límite, y que reproducimos parcialmente al final de este post destacando en negrita los párrafos que consideramos más importantes o destacables para los intereses de El Animal Invisible.

Mafa Alborés

















Más allá de lo real. Reseña sobre la obra de Rafel Bestard


El artista plástico Rafel Bestard, oriundo de Palma de Mallorca, comenzó su trayectoria artística a mediados de los ‘80. Desde entonces, ha participado de innumerables exposiciones colectivas e individuales exponiendo sus obras en países como Alemania, Canadá, China, Estados Unidos, Francia y Turquía, entre otros. Licenciado en Bellas Artes, en la actualidad es profesor de dibujo en la Escuela de arte de su ciudad natal. En el año 2012 una de sus obras, Then a moment gest and conceals, (Algo que está ahí y de pronto, desaparece), fue la ganadora de la X bienal de Artes plásticas de la Ciudad de Albacete.
Sus trabajos se caracterizan por la mezcla constante de realidad, conformada de experiencias vividas por el artista y sus propias fantasías. Busca constantemente hacer visible lo invisible, mostrar plásticamente sus sentidos, emociones, fantasías, sueños. Tiene elementos del surrealismo y del realismo, pero no se considera uno más de ellos. No le gustan las etiquetas. Más bien, Bestard, se ve a sí mismo como un pintor.

(...)

Para él la pintura es el elemento que puede convertir ese algo más, irrepresentable que hay dentro de sí, en algo visible para el mundo. Cree y trabaja en función de que el arte y la pintura en particular, no sólo son una representación del mundo, sino parte de su creación.
En sintonía con los modos de representación del arte considerados por el artista, Sigmund Freud ya afirmaba: “Existe, un camino de regreso de la fantasía a la realidad, y es. . . el arte. (…) El artista se las ingenia, en primer lugar, para elaborar sus sueños diurnos de tal modo que pierdan lo que tienen de excesivamente personal y de chocante para los extraños, y para que estos puedan gozarlos también. Por otro lado, posee la enigmática facultad de dar forma a un material determinado hasta que se convierta en copia fiel de la representación de su fantasía y, después, sabe anudar a esta figuración de su fantasía inconsciente un placer tan grande que en virtud de ella las represiones son doblegadas y canceladas, al menos temporalmente.”

(...)

Otro de los temas recurrentes en su obra, es la presencia de animales en primer plano. Para el artista, la animalidad es una más de nuestras facetas como humanos, incluso psicológicamente. La separación de la naturaleza es también la separación, la escisión, de nuestra propia naturaleza. Lo animal se abre paso en sus obras como un susurro imposible de ignorar. De este modo, crea imágenes impactantes en las que la representación de lo absurdo confiere sentido.
Rafel Bestard, es artista contemporáneo sólo en términos cronológicos. Para él, lo contemporáneo es una etiqueta que se está agotando por sobre explotación, que se está muriendo de éxito. Lo considera un atajo para evitar pensar en algo diferente, o eludir aquello difícil de afrontar. Prefiere el arte a secas y avanza por ese camino sin dudar, atravesando los límites de su propia realidad.