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viernes, 3 de febrero de 2017

Gerard Mas y su particular antrozoología escultórica




Junto a otros nombres del arte realista contemporáneo, como el pintor Ramon Surinyac o el escultor Samuel Salcedo, así como otros muchos interesantes a los que hemos dado cabida aquí por sus ocasionales representaciones de animales o de humanos en su condición animal, nos encontramos con la peculiar obra de Gerard Mas.

Para nosotros el hallazgo ha sido casual, y todo comenzó con una imagen sin acreditar de su maravillosa talla en madera (de hecho en una pieza a partir de un único tronco, parcialmente quemado a soplete para "pintar" las áreas oscuras del animal) de un perro, un pastor alemán, que nos impresionó por su expresividad, su estudiadísima anatomía y por la frescura de su "tosco" perfeccionismo.

Gracias a la colaboración de mi amigo Javier Fuentes, hurgador especializado del arte en la red, pude saber que la obra correspondía a Gerard Mas y el resto de su producción no me defraudó, especialmente con respecto a las preferencias de nuestro/vuestro Blog en cuanto a obras de arte que desafían a nuestra percepción y, sobre todo, en lo que se refiere a producción artística centrada en la representación y reproducción de especies animales.

Sin embargo, aunque en un principio queríamos mostrar al menos su maravilloso pastor alemán tallado y algunas de sus esculturas con enigmáticos animales, hemos de reconocer que no hemos podido evitar mostraros también algunas de sus obras inspiradas en retratos del arte renacentista, especialmente del arte pictórico, pero es que Mas consigue conservar sus querencias pictóricas al recurrir a la talla policromada o a técnicas mixtas que no desvinculan la escultura más purista de la pintura, a la manera de otros importantes pintores/ilustradores que prefieren manifestarse a través de la escultura y la talla, como nuestros admirados Álvaro de la Vega, Paco Leiro o Nico Nubiola.

Si tuviésemos que destacar algo en la obra de Gerad Mas, aparte de su evidente maestría técnica, es su ácido sentido del humor y su indisimulada mirada crítica la cultura humana como rasgo diferenciador de nuestra especie. Nada mejor para representar la cultura como evidenciar visualmente las connotaciones estilísticas de épocas históricas consagradas, como los retratos renacentistas, por ejemplo, que Mas lleva al terreno de la escultura introduciendo elementos anacrónicos que nos recuerdan hasta qué punto reverenciamos los productos del pasado por el mero hecho de ser antiguos y haber sobrevivido a las vicisitudes del tiempo. Sus bustos de doncellas mascan chicle e incluso hacen globos con él, o guardan chupa-chups en sus angelicales bocas mientras, algunas, acarician no armiños sino bogavantes haciéndonos guiños a lo que creemos saber sobre nuestras preferencias antrozoológicas o sobre la historia de las preferencias culinarias.


Obviamente, tampoco podemos permanecer indiferentes a sus series de ovejas que evidencian hasta qué punto asociamos a los demás animales, especialmente los domesticados, a su condición de recurso material y económico, y, aunque no tengo la más remota idea acerca de sus intenciones, dudo que la elección del cordero sea casual, dado que constituye la base pecuaria del desarrollo de las tribus judeocristianas cuya cultura, organización sociopolítica y simbolismo religioso es a su vez la base de la cultura occidental contemporánea, mientras que el cerdo, competidor de recursos humanos a la vez que recurso en sí mismo, constituye el tabú alimentario por excelencia de la escisión entre cristianos y judíos y musulmanes.
Mas también se cuestiona las características físicas de otros vistosos animales en relación a nuestra manera de percibirlos visualmente y asociarlos a conceptos inercambiables en nuestro imaginario colectivo o individual, y lo consigue por una frecuente reducción al absurdo.
Como al asociar elementos de cetrería a una gallina, o las espinas de una escórpora al yelmo de un soldado. Por no hablar del tópico cultural que asocia nuestra propia animalidad a una especie de triste condición a superar pero que se evidencia en nuestras necesidades biológicas más básicas, orgánicamente asociadas en nuestros órganos sexuales junto a los excretores, hermanado erotismo y escatología en el sexo, algo dependiente de la mirada, que quiere simular o velar oportunamente dichos fragmentos con otros fragmentos de la naturaleza (la convención de la hoja de parra) que dependen exclusivamente de nuestra mirada.

 Dudamos que tantas coincidencias sean casuales y nos aventuramos a pensar en Gerard Mas como en un destacado artista de la crítica antrozoológica más concienzuda y nos declaramos admiradores y simpatizantes de su trabajo.




Gerard Mas nació en 1976 en Sant Feliu de Guíxols (Girona).
Estudia en  la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Llotja” de  Barcelona.
Se especializa en escultura y talla de piedra. 1998-2001.
Se Diploma como  conservador y restaurador d’escultura en la “Escola Superior de Conservació i Restauració de Béns Culturals de Catalunya”.  Barcelona 1994-1998.
























































http://www.gerardmas.com