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jueves, 12 de enero de 2017

Percibir el movimiento y la rotura del instante. Fotografía y percepción por Martin Klimas.



Pasamos de reflexionar sobre fotografiar animales paralizados en la muerte a reflexionar sobre la detención del tiempo en fotografía.
Las artes plásticas, a excepción del teatro o la danza, aunque expresen el movimiento, son estáticas hasta el nacimiento del cine en siglo XX.
Antes de la aparición de la fotografía, el dibujo, la pintura y la escultura nos invitaban a detener un escena en un momento preciso que tendía a reunir acciones y elementos significativos en una composición predeterminada y en absoluto casual.
Cuando la fotografía empezó a rebasar los límites marcados por la sensibilidad de los materiales fotosensibles, redujo el tiempo de exposición hasta llegar a la ilusoria congelación de un instante para, por ejemplo, ofrecer la visión ingrávida de sujetos atrapados en un salto que los separaba del suelo, como en las emblemáticas instantáneas pioneras de Lartigue. Las rápidas exposiciones obtenidas con el progreso de las técnicas fotográficas desentrañaron los misterios del movimiento y de ello son especialmente emblemáticas las cronofotografías de Muybridge (y muy poco después las de Marey) y nos recordaron que el dibujo y la pintura representaban expresivamente el movimiento, pero no siempre reproducían con exactitud lo que realmente sucedía en un breve instante de frenesí cinético.
Queda para la posteridad la exactitud analítica de los movimientos del caballo al galope, tan a menudo comparados con la expresiva pero inexacta interpretación de Géricault en su pintura inspirada en derbi de Epson.

Thèodore Géricault: Epson Derbi
Si en un primer momento la fotografía se presentó como una alternativa al dibujo que reproducía fiel y mecánicamente una impronta de la realidad visual, pronto fue percibida como una especie de recurso para desentrañar los secretos del tiempo y el movimiento, por lo que no es de extrañar que la elección del momento decisivo en el disparo se convirtiera en uno de los criterios básico para juzgar los méritos de una fotografía descriptiva o documental de una acción o acontecimiento.
Los dibujantes, escultores y pintores podían permitirse el representar poses y movimientos hermosos, premeditados y expresivos que no siempre era posible resumir en una toma fotográfica, por lo que vencer estos límites y captar en un sólo fotograma toda la información posible y significativa de una acción constituyó muy pronto uno de los criterios para valorar la excelencia de una toma fotográfica.

En este sentido, Henri Cartier Bresson es el autor de la fotografía más emblemática sobre el instante decisivo en fotografía, y la llegada del flash de Johann Ostermeyer en los años 30 y las míticas Grafflex de los años 40 en la prensa, con su perfeccionamiento electrónico y, poco más tarde, de la luz estroboscópica por el Dr. Harold Edgerton, del MIT.

Sin duda, uno de los méritos de la fotografía consiste en vencer los límites de nuestra percepción y observar al detalle la detención del momento cinético y, por tanto, del tiempo. La fotografía naturalista y la documentación zoológica se han beneficiado de dichos servicios de la técnica fotográfica para los que a menudo la casualidad o la suerte aportan un valor añadido a los resultados obtenidos en aras de la cotización de la imagen.




Nos ha parecido muy oportuno ilustrar nuestra disertación con una serie en particular de un fotógrafo especializado en tomas de alta velocidad con flash.
 Se trata de Martin Klimas, ya conocido anteriormente por sorprendentes tomas de flores congeladas en hidrógeno líquido rompiéndose en cientos de fragmentos, por no mencionar sus famosas series de gotas de pintura covertidas en cuasiescultóricas salpicaduras congeladas en el tiempo fotográfico.

La serie que concreta nuestro interés recurre a figurillas de porcelana que representan luchadores de artes marciales en pleno combate.

Lo interesante es que el único modo de darle sentido a fotografiar un sujeto estático que simula un movimiento es dárselo constatando la violencia implícita del movimiento representado y así, sin salirse de los procedimientos técnicos que el autor tan bien conoce, encuentra un tema a fotografiar que se manifiesta como particularmente expresivo y que además ofrece múltiples lecturas alternativas, como la hipotética rotura con las convenciones del arte comercial y kitch.

Estas detenciones en el justo momento del impacto cuyas inercias conducen a la fragmentación de las piezas empleadas nos remite a la rotura temporal producida por la propia fotografía, cuya afortunada puntería depende de la elección del preciso momento que resume las causas y efectos de la acción, sin conducir a los equívocos que a menudo acompañan a las tomas de alta velocidad que muestran situaciones insólitas fácilmente malinterpretables.


Se me ocurre el ejemplo de aquella foto captada por un aficionado (Martin Le-May) en la que una comadreja parecía usar un pájaro como medio de transporte, cuando en realidad lo atacaba con intenciones depredatorias muy rápidamente frustradas por la fuerza de la gravedad.
La misma duda planteaba una serie del fotógrafo chino Phoo Chan que captó a un cuervo sobrevolando y montando sobre un águila, cosa que sí llevó a cabo intencionadamente el animal, aunque sólo fuera para expulsar al intruso de su territorio.
Lo que ocurre es que en este caso el simbolismo tradicionalmente noble, herálido, del águila, habitual emblema de poder político o militar, es sometido por la clásica encarnación del lado oscuro y diabólico de las aves, el cuervo, imagen del "pájaro de mal agüero", de forma análoga al grajo que atacaba la blanca paloma liberada simbólicamente por el papa en otra célebre serie de instantáneas.

Martin Klimas:





















Muybridge:

¿Primer stop-motion de la historia?
Muybridge facilitó a los anatomistas valiosa información a través de sus cronofotrafías, que sirvieron para observar las precisas posiciones anatómicas en los sucesivos movimientos del galope del caballo para fotografiarlas en el orden preciso y ofrecernos lo que posiblemente podamos considerar el primer sop-motion de la historia:





Philippe Halsman, famoso por sus retratos de movimientos congelados por el flash de estudio no ofrece posiblemente la más emblemática de sus imágenes en colaboración con Salvador Dalí:



Momentos simbólicos:






Phoo Chan:










fotógrafo aficionado Martin Le-May:



Francesco Panuello captaba hace un tiempo una sobria instantánea del robo de la presa de un zorro por parte de una águila.

El paisaje nevado contribuye a que la escena, minimalista, quede expresada tan sólo por las siluetas de los animales y sus respectivas sombras sobre el soporte fotográfico.
 Muy a menudo, el mérito técnico más valorado en una fotografía de naturaleza consiste en la afortunada captura de un preciso y expresivo momento de una acción habitual (tanto mejor cuanto más insólita) de la especie animal descrita.



José Pesquero Gómez conseguía recientemente el reconocimiento de la prensa especializada por esta toma conseguida en un lago escocés del preciso momento en que un águila pescadora extrae su captura (una trucha) del agua.



Perfeccionando los recursos propios de la fotografía de rápida exposición y el uso de flashes nocturnos, el fotógrafo Mario Cea también se ha labrado una reputación con unos procedimientos que de alguna manera imprimen un sello particular al conjunto de su obra:




Pierre Carreau es un fotógrafo que se ha ganado una cierta popularidad gracias a sus series fotográficas de olas captadas con obturaciones muy breves. Además de la escasa profundidad de campo debida al inevitable empleo de diafragmas muy abiertos, Carreau realiza ajustes cercanos al alto rango dinámico en sus imágenes, propiciando una notable nitidez de las diferentes texturas del agua como si de un material estático se tratara, aproximándose a una concepción escultórica de los motivos fotografiados.











Es inevitable, en consecuencia, asociar las instructivas imágenes de Carreau con las obras escultóricas de artistas como Ben Young, a quien ya dedicamos un espacio anteriormente en nuestro blog, o el escultor y escenógrafo Mario Ceroli en alguna muestra puntual de su trabajo, ambos fascinados por el movimiento de las olas y la mecánica de fluidos recurriendo a hipotéticas secciones transversales de la masa líquida en movimiento, lo que consiguen mediante la aliteración de planchas de cristal silueteadas para cada sucesiva sección:

Ben Young:







Mario Ceroli:





Relacionando también el vidrio con la transparencia del agua, el matrimonio formado por los artistas Paul De Somma y Marsha Blaker, también han investigado en las posibilidades estéticas y representativas del vidrio como si de un estado particular de la materia líquida se tratase, dado que, de alguna manera, un sólido no es otra cosa que un líquido ralentizado:


Marsha Blaker, Paul De Somma:






Otras casualidades en la red nos han llevado al hallazgo de imágenes de captura de alta velocidad que han conservado caprichosos momentos efímeros en los que las formas parecen emular la de seres o símnolos gráficos reconocibles:



Pero del mismo modo que el tiempo puede ser fragmentado, también el espacio puede serlo, tal y como lo fracciona nuestra percepción analítica y ser reconstruido ópticamente, tal y como habíamos apuntado respecto a ciertas obras de Juan Carlos Robles o de Dustin Yellin, creando ilusiones tridimensionales a través de superposición de piezas bidimensionales aliteradas.








http://mafa-elanimalinvisible.blogspot.com.es/2015/02/arte-y-percepcion-collages.html

http://www.eldiario.es/cultura/wildlife_photographer_of_the_year_0_556445102.html

Cazadores de instantes: la historia detrás de las mejores fotos de naturaleza del mundo


Cuando se trata de capturar lo salvaje con el objetivo, nada es fruto del azar
Desentrañamos las imágenes del Wildlife Photographer of the Year, uno de los certámenes más prestigiosos de fotografía de naturaleza

Y de repente, un instante. Un momento único captado por el objetivo. La naturaleza, siempre en movimiento, estática en imágenes espectaculares. Pero aunque parte de la fascinación por esas fotografías surge de sentir que espiamos lo salvaje en el momento oportuno, lo cierto es que no son fruto del azar. Detrás de las mejores fotos de naturaleza del mundo hay mucha preparación, horas de estudio del entorno y la composición previa en la cabeza del fotógrafo de ese parpadeo que se quiere inmortalizar. ¿Pero cómo se prepara uno para lo imprevisible?
El Wildlife Photografer of the Year es el concurso de fotografía de naturaleza más prestigioso del mundo. El próximo 18 de octubre conoceremos a los ganadores, pero de momento la competición, organizada por el Museo de Historia Natural de Londres , ha hecho públicos algunos de los finalistas seleccionados entre más de 50.000 fotografías de 95 países. Entre ellos hay dos españoles. 

A través del cristal






Murciélago
Precisión de cristal © Mario Cea /Wildlife Photographer of the Year
Un murciélago salmantino recorre los diarios de medio mundo. Fue 'cazado' por la cámara de Mario Cea el verano pasado en Salamanca cuando el animal revoloteaba en su incursión nocturna habitual en busca de mosquitos. Cea cuenta al eldiario.es que la foto del murciélago atravesando el cristal no es improvisada: primero se formó en su cabeza.
En una de sus salidas al campo el fotógrafo observó "como de una vieja casa abandonada salían una buena cantidad de murciélagos justo al caer la noche". Tras mucho trabajo de campo, horas de observación del comportamiento de estos animales y de su caótica forma de vuelo en la oscuridad dentro y fuera de la casa,  Mario imaginó la foto que quería hacer: "Un cristal que hay que perfilar cuidadosamente con luz artificial desde atrás para que solo nos muestre las aristas y un murciélago cruzando a través del cristal con una perfecta precisión y congelado en el momento exacto".
Mario, apostado por la noche con su trípode frente a esa ventana rota, utilizó técnicas de alta velocidad que lleva practicando desde hace una década. Para ello, son necesarias " varias unidades de flash para conseguir detener movimientos rapidísimos como el vuelo de este murciélago". Con la luz de esos flashes trabajó el fotógrafo para resaltar los bordes del cristal.
Pese a la preparación previa, hay que realizar varias sesiones "para ir puliendo fallos hasta encontrar la imagen buscada".  Se hacen series de numerosas fotos para luego seleccionar las mejores candidatas. En este caso concreto, el fotógrafo salmantino tomó más de 40 imágenes, de las que a final se seleccionan dos o tres. "Después hay que decantarse por la que mejor nos parezca en cuanto a composición, iluminación, enfoque, etc.".





Murciélago orejudo
Un murciélago orejudo fotografiado a alta velocidad Mario Cea
Para el finalista del Wildlife en la categoría Urban lo más complicado de hacer fotografías de este tipo es que "los modelos son imprevisibles". "Los animales salvajes van y vienen cuando quieren y no puedes hacerlos posar como y cuando tú quieras. Por eso es muy importante conocer sus hábitos, sus costumbres alimenticias el hábitat en el que se mueven etc... Todo ello nos ayuda a tener más éxito en nuestras sesiones".

El misterio de los peces invisibles

Iago Leonardo es otro de los finalistas con su fotografía de unos peces que se vuelven invisibles de forma misteriosa en el océano abierto, donde no hay lugar para esconderse.  Pese a su esfuerzo por desaparecer, Iago, durante sus numerosas inversiones en las aguas cristalinas de la isla de Contoy,  los tenía calados .





peces
Peces que desaparecen © Iago Leonardo/Wildlife Photographer of the Year
Este fotógrafo, que cultivó su amor por el mar en Galicia, desarrolla ahora su trabajo en México. Allí consiguió hace unos años un permiso especial de la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) para poder documentar fotográficamente la reserva natural de Contoy, cerca de Cancún.
Iago nos cuenta cómo fue uno de los primeros en poder sumergirse con bombona en esas aguas cristalinas protegidas y comenzó a experimentar con la fotografía acuática. "To dos los días investigaba con tanque y luego siempre por las mañanas o las tardes, como tenía tiempo, también me iba a pulmón". 
En estas excursiones localizó este cardumen. "Estos  peces casi siempre estaban allí y les he hecho millones de fotos", explica.
En la fotografía contrastan dos bancos de peces.   Los de  abajo son una especie conocida en México como chac-chí. Los de arriba, los que casi no se ven porque se camuflan jugando con la luz, son un banco de Selene vomer, llamados peces hacha en España por la forma de su cabeza y conocidos popularmente como 'papelillos' en México porque son muy finitos.
La técnica de camuflaje del Selene vomer ha intrigado a los científicos.  Iago explica que utilizan la refracción de la luz del sol para casi desaparecer en el agua. "De hecho en la foto original no se ven", cuenta el fotógrafo añadiendo que en el retoque permitido por el concurso tuvo que avivar los colores de los selene para que se vieran "un poquito más". 
Un reciente estudio publicado por la revista Science  desveló que emplean unas plaquetas especiales situadas en las células de su piel para reflejar la luz polarizada, lo que les permite camuflarse hasta desaparecer cuando hay algún depredador cerca.
De las numerosas fotos a pulmón que Iago tomó a estos peces 'invisibles' a unos cinco metros de profundidad, esta es la que más le gusta. Tomada con luz natural, "tiene una vectorialidad especial, se aprecia ese corte vertical y lo que es paradójico es que esté ese otro banco de peces abajo que crea ese contraste".
Iago reconoce que hacer fotografía submarina no es fácil. Él practicó submarinismo en Galicia desde los 16 años, "siempre he estado metido en el agua", cuenta. Y es que "hay que sentir pasión por este tipo de fotos" y estar preparado para manejar una cámara profesional bajo el agua que además está dentro de una carcasa subacuática.
La imagen estuvo durmiendo en el ordenador de Iago desde el año 2009 junto con otras muchas realizadas a los mismos peces, y ahora es una de las finalistas del Wildlife Photography. El fotógrafo está centrado actualmente en la fotografía artística donde también experimenta con técnicas subacuáticas. "Estoy recuperando archivos de naturaleza para hacer una selección y hacer impresiones en gran formato, y esta es una de las fotos rescatadas". El fotógrafo cree que su éxito en el concurso viene de la mano del interés de los científicos en conocer cómo la piel de estos peces trabaja para conseguir ese camuflaje casi perfecto en el océano.

La fotografía que fue primero un dibujo






Orca
Repartiendo la pesca © Audun Rikardsen /Wildlife Photographer of the Year
La fotografía de Audun Rikardsen es una de las que más atención está captando entre las imágenes finalistas del concurso. Retrata a la vez la superficie y lo que sucede bajo el mar. Una orca se reparte el botín de arenques con un barco pesquero mientras las numerosas gaviotas que acechan esperando su momento crean un haz de puntos de fuga. Tampoco es fruto del azar.
Audun, profesor e investigador del Ártico y Biología Marina en la Universidad de Tromsø, siempre ha sentido fascinación por las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza. Durante años ha documentado las interacciones entre las ballenas y los pescadores. A veces, son los pescadores los que persiguen a las ballenas para que les guíen a los bancos de peces. Otras, son los grandes mamíferos marinos los que buscan el pescado de sus redes.
Rikardsen explicaba al diario noruego iTromsø que tenía tan pensada la imagen que hasta había hecho un dibujo de la misma. "Lo más divertido es que el boceto y la imagen final son casi idénticos, solo cambia la orientación del barco", declaraba al diario.  Y es que estar en el momento justo y en el lugar oportuno a veces no es suficiente.

http://culturainquieta.com/es/foto/item/9127-figuritas-de-porcelana-fotografiadas-en-el-momento-de-romperse-contra-el-suelo.html