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lunes, 22 de septiembre de 2014

Grandes extinciones por sequía reveladas por antiguas muestras de arte egipcio.

El arte, desde sus inicios, ofrece el testimonio gráfico de especies animales que han sido objeto de observación por parte de los seres humanos. Su aparición en representaciones gráficas o plásticas de cualquier índoles sólo podía deberse a:

a) su importancia como fuente de alimento
b) su importancia como competidor respecto a las fuentes de alimento
c) sus dotes físicas envidiables (tamaño, fuerza, velocidad, capacidad de volar, armamento natural -cuernos, garras, colmillos...-)
d) su importancia como recurso económico y por consiguiente de posicionamiento social
e) su carga simbólica o religiosa
f) su rareza

Creo que la pervivencia icónica del eterno rinoceronte de Durero se debe a la capacidad de reunir en una sola imagen la totalidad de los factores mencionados. La persistencia en el uso de la imagen del rinoceronte como símbolo de lo extraordinario y de la animalidad alternativa, ajena, demuestra que el mérito, más que a Durero, debemos atribuírselo al propio rinoceronte. Las míticas propiedades de su cuerno lo han llevado prácticamente a la extinción y en un plazo muy breve, si no hacemos nada por evitarlo, se convertirá en un compañero más del imaginario habitado por dinosaurios, dragones, unicornios y pájaros dodo.


Muchas muestras gráficas a lo largo de la historia han dado fe de la masiva presencia de especies animales ya desaparecidas, pero resulta especiamente interesante el caso comentado por el artículo que os ofrecemos a continuación en forma de extracto, y que podéis localizar en su ubicación original.



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Jeroglífico egipcio. Imagen: Wikimedia Commons
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 Tasa de extinción en aumento

Las representaciones de animales en antiguos artefactos egipcios ha ayudado a los científicos a reunir un registro detallado de los grandes mamíferos que vivían en el valle del Nilo en los últimos 6.000 años.
Un nuevo análisis demuestra que la extinción de las especies, probablemente causada por un clima más seco y el crecimiento de la población humana en la región, ha hecho que el ecosistema sea cada vez menos estable.
El estudio, publicado este lunes en Proceedings of the National Academy of Sciences, encontró que las extinciones locales de especies de mamíferos llevaron a una disminución constante de la estabilidad de las comunidades de animales en el valle del Nilo.
Cuando había muchas especies en la comunidad, la pérdida de cualquiera de las especies tuvo relativamente poco impacto en el funcionamiento del ecosistema, mientras que ahora es mucho más sensible a las perturbaciones, subraya el primer autor Justin Yeakel, quien trabajó en el estudio como estudiante de tercer ciclo en la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC), Estados Unidos, y ahora es becario postdoctoral en el Instituto de Santa Fe, en Nuevo México, Estados Unidos.
Hace unos seis milenios, había 37 especies de grandes mamíferos en Egipto, pero sólo ocho permanecen hoy. Entre las especies registradas en obras de arte de finales del periodo predinástico (antes del 3100 aC) que ya no se encuentran en Egipto están leones, perros salvajes, elefantes, antílopes oryx y jirafas. "Lo que antes era una comunidad rica y diversa de mamíferos es muy diferente ahora", lamenta Yeakel.
"A medida que el número de especies disminuyó, una de las cosas principales que se perdió fue la redundancia ecológica del sistema. Hubo múltiples especies de gacelas y otros pequeños herbívoros, que son importantes porque muchos depredadores diferentes se aprovechan de ellos. Cuando hay menos de esos pequeños herbívoros, la pérdida de cualquiera de las especies tiene un efecto mucho mayor sobre la estabilidad del sistema y puede conducir a extinciones adicionales", argumenta.
El nuevo análisis se basa en los registros compilados por el zoólogo Dale Osborne, cuyo libro de 1998 'Los mamíferos del Antiguo Egipto' proporciona una imagen detallada de las comunidades de animales históricos de la región sobre la base de la evidencia arqueológica y paleontológica, así como los registros históricos. "Dale Osborne recopiló una increíble base de datos de cuando las especies estuvieron representadas en obras de arte y cómo eso cambió con el tiempo. Su trabajo nos permitió utilizar técnicas de modelado ecológico para ver las consecuencias de esos cambios", añde Yeakel.
El estudio tuvo sus orígenes en 2010, cuando Yeakel vistió una exhibición de Tutankamon en San Francisco con el coautor Nathaniel Dominy, entonces profesor de Antropología en la Universidad de California Santa Cruz y ahora en Dartmouth, en Estados Unidos. "Estamos sorprendidos por las obras de arte y las representaciones de animales y nos dimos cuenta de que estaban plasmando observaciones del mundo natural. Nate estaba al tanto del libro de Dale Osborne y empezamos a pensar en cómo podríamos aprovechar esos registros", relata Yeakel .
El coautor Paul Koch, paleontólogo en la UCSC que estudia los ecosistemas antiguos, ayudó a diseñar el enfoque del equipo a partir de los registros para ver las consecuencias ecológicas de los cambios en las especies. Yeakel se asoció con los modeladores ecológicos Mathias Pires, de la Universidad de Sao Paolo, en Brasil, y Lars Rodolfo, de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, para hacer un análisis computacional de la dinámica de las redes de depredador-presa en las antiguas comunidades de animales egipcios.

Cinco episodios de cambios drásticos

Los investigadores identificaron cinco episodios durante los últimos 6.000 años, cuando se produjeron cambios drásticos en la comunidad de mamíferos de Egipto, tres de los cuales coincidieron con modificaciones ambientales extremas como un clima más árido. Estos periodos más secos también coincidieron con agitación en las sociedades humanas, como el colapso del Imperio Antiguo hace unos 4.000 años, y la caída del Imperio Nuevo hace unos 3.000 años.
"Hubo tres grandes pulsos de aridez en los que Egipto pasó de de un clima húmedo a más seco, empezando por el final del Periodo Húmedo Africano hace 5.500 años, cuando los monzones se desplazaron hacia el sur", explica Yeakel. "Al mismo tiempo, la densidad de población humana estaba aumentando y la competencia por el espacio a lo largo del valle del Nilo, que habrían tenido un gran impacto en las poblaciones de animales", detalla.
El cambio reciente más importante en las comunidades de mamíferos ocurrió hace unos cien años. El análisis de las redes de depredador-presa mostró que la extinción de especies en los últimos 150 años tuvo un impacto desproporcionado sobre la estabilidad del ecosistema y estos resultados tienen implicaciones a la hora de entender los ecosistemas modernos, plantea Yeakel.
"Esto puede ser sólo un ejemplo de un patrón más amplio -señala--. Vemos una gran cantidad de ecosistemas de hoy en los que un cambio en una especie produce una gran alteración en el funcionamiento del ecosistema y que podría ser un fenómeno moderno. No tendemos a pensar en cómo fue el sistema hace como 10.000 años, cuando podría haber habido mayor redundancia en la comunidad".


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