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domingo, 30 de marzo de 2014

Del Oso Hormiguero de Anton Raphael Mengs al de Rembrandt Bugatti.


Rembrandt Bugatti: Oso Hormiguero (escultura)
En un post anterior, dedicado al escultor Rembrandt Bugatti, decíamos que Entre las esculturas hay animales muy infrecuentemente considerados como modelos por los artistas —osos hormigueros, tapires, marabúes, yaks, cóndores, canguros...—, introducidos por Bugatti por primera vez en la historia europea del arte y, desde luego, representaciones de los grandes felinos por los que sentía especial simpatía.


Desde luego, habría que matizar que muchos de estos animales sí que habían sido introducidos en colecciones zoológicas europeas con anterioridad. De hecho, daba cuenta de ello esta amena entrada de Javier García Blanco en Arte Secreto (yahoo) que reproducimos a continuación de este pequeño recordatorio a Anton Raphael Mengs


Un oso hormiguero en la corte de Carlos III

Por | Arte secreto – dom, 23 mar 2014

'Oso hormiguero' (1776), atribuido a Anton Raphael Mengs | Crédito: MNCN - CSIC

Anton Raphael Mengs fue un destacado pintor del siglo XVIII, bien reconocido por sus obras de estilo neoclásico, y cuyo talento le valió ser requerido por varias cortes europeas de su tiempo, como la de Augusto III en Dresde o la de Carlos III de España.
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Durante las dos etapas en las que vivió y trabajó en Madrid bajo las órdenes de los Borbones –primero entre 1761 y 1769, y después entre 1774 y 1776–, Mengs retrató a buena parte de la familia real y trabajó en la decoración del Palacio Real y el Palacio de Aranjuez.
Sin embargo, no fueron éstas las únicas pinturas que nacieron de sus pinceles mientras estaba en nuestro país. El Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, cuenta entre sus fondos con una llamativa pintura que se le atribuye, en la que el protagonista no es un miembro de la familia del monarca, ni un noble u otro poderoso personaje, sino nada más y nada menos que un ejemplar de oso hormiguero.
Pero, ¿qué llevó a este genial artista del siglo XVIII a pintar a un animal tan singular y hacerlo protagonista de uno de sus cuadros? La respuesta está en la pasión científica e ilustrada de Carlos III.
A diferencia de otros miembros de su dinastía, el que fuera rey de Nápoles y más tarde de España, mostró siempre un gran interés por el conocimiento, la cultura, las artes y las ciencias. A él hay que agradecer, por ejemplo, que apoyara la labor de un ingeniero militar español, Roque Joaquín de Alcubierre, quien acabaría sacando a la luz las ruinas de las antiguas ciudades romanas de Pompeya, Herculano y Estabia. Más tarde, el mismo monarca fundó un museo en Portici con todas las piezas allí halladas.
'Retrato de Carlos III', obra de Anton Raphael Mengs | Crédito: WikipediaFue también Carlos III quien favoreció el primer estudio de las ruinas mayas de Palenque, y también supo trasladar estas inquietudes a uno de sus hijos, el infante Gabriel de Borbón, que fue un apasionado de la física, la química, la óptica y avances de su época como los globos aerostáticos.
Fue por tanto el rey quien, en 1776, encargó la creación de esta pintura, que el artista retrató del natural, pues Carlos III contaba en el Retiro con un zoológico privado –llamado Casa de Fieras–, nutrido con una magnífica variedad de animales exóticos traídos desde distintos puntos del planeta. Entre las bestias que formaban parte de su zoo se contaban leones, avestruces, tigres, renos, elefantes y, como decimos, también un ejemplar de oso hormiguero (osa, en realidad) traído desde Buenos Aires.
Parece ser que este singular animal llamó tanto la atención del monarca que mereció por ello ser inmortalizado en el lienzo que hoy se conserva en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, y que tiene unas dimensiones de 1 metro de altura por dos de longitud.
'Autorretrato', de Mengs | Crédito: Wikipedia.Además de servir de muestra de la valiosa colección zoológica del Borbón, la pintura mostraba con gran detalle y perfección la anatomía y características del animal, al que acompañaba una didáctica explicación tallada en un pedestal representado en el fondo de la imagen, y que rezaba lo siguiente:
“Este animal se llama oso hormiguero porque en el campo se mantiene con hormigas. Se ha copiado al natural por el que está en la Casa de Fieras del Retiro en julio de 1776. Vino de Buenos Ayres donde se crían bastantes de su especie. Tiene treinta meses, y crecerá hasta seis o siete años”.
Por lo que sabemos a través de la documentación histórica, el pobre animal sólo sobrevivió unos meses después de ser retratado, fue murió en enero de 1777, al parecer debido a una alimentación inadecuada, pues en invierno resultaba imposible encontrar en Madrid las hormigas y termitas que necesitaba para sobrevivir. Tras su muerte, el esqueleto del oso hormiguero bonaerense fue expuesto en compañía del cuadro en el entonces Real Gabinete de Historia Natural.
La pintura del “oso” tiene cuenta todavía con otra curiosidad: las dudas sobre su autoría. Aunque durante mucho tiempo se ha atribuido su creación a Mengs, como decíamos antes, hace sólo unos años, en 2011, el historiador Javier Jordán de Urríes publicaba un articulo en el que descartaba la autoría del pintor bohemio, y señalaba como verdadero creador ni más ni menos que a Francisco de Goya.
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La hipótesis de Jordán de Urríes ha sembrado la duda entre los especialistas, aunque por el momento la pintura del hermoso ejemplar de oso hormiguero sigue atribuida oficialmente, al menos por ahora, a Anton Raphael Mengs.
Fuentes: MNCN, Museo del Prado



Rembrandt Bugatti: Oso Hormiguero (detalle)