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jueves, 17 de septiembre de 2015

Taxidermia antrozoológica de Kate Clark. Mujeres y taxidermia.

My Heart Beats Like Thunder, © Kate Clark
Una vez más dedicamos una entrada a la Taxidermia, a ese arte que relaciona la autopsia veterinaria con la peletería y la escultura y cuya práctica nos parece de dudoso gusto y éticamente criticable incluso en los casos más memorables y conmovedores. De hecho, Kate Clark, la artista que hoy nos ocupa, decide criticar la práctica de la taxidermia como índice simbólico de nuestra errónea relación con la naturaleza y con el resto de criaturas vivas, aparentemente por reducción al absurdo. Sin embargo, las piezas de Clark recurren a piezas de taxidermia y peletería que son transformadas escultóricamente por la artista mediante la inclusión de rostros humanos de acabado realista, o, mejor dicho, naturalista.
Clark parece confirmar que las mujeres dominan el actual panorama de la Taxidermia como forma de arte, algo de lo que Claire Voon dejaba constancia a través de un interesante artículo publicado en Vice en el que Clark y otras taxidermistas se manifiestan sobre su obra y sus planteamientos a la hora de afrontarla. Desde aquí también queremos recomendaros el documental Taxidermists, visionable mediante este enlace a AeonVideo, si queréis tener más información acerca de la actualidad de esta disciplina artística, oficio, negocio o como queráis definirlo.



El comentario facilitado en Aeon Video para este documental resume varias de las cuestiones que nos empujan a publicitarlo desde aquí:

Hay algo sumamente extraño en la taxidermia: el hiperrealismo de su representación hace lo inanimado parece animar y - para algunos - incómodamente real. Ese sentido de realidad inquietante es la calidad exacta que lo convierte en una pieza superior del taxidermia, el tipo que gana premios en el Campeonato Mundial de Taxidermia - una competencia un competidor llama las "Olimpiadas de taxidermia.
Pero a  Dennis Harris le gustaría deshacerse de la palabra taxidermia por completo, y prefiere llamarse a sí mismo un artista de la fauna. En sus palabras: 'La taxidermia ha pasado de animales muertos colgados en la pared que miran muertos a esculturas artísticas en toda regla que pueden competir con los más grandes artistas planográficos y los grandes escultores del mundo.'
Harris posee un estudio en el Michigan rural donde construye soportes de suspensión que desafían la gravedad. Mientras tanto, Wendy Christensen es taxidermista / artista
residente en el Museo Público de Milwaukee, donde ha trabajado desde que tenía 19, la creación de dioramas que tratan de aproximar de forma personal a los visitantes a la vida silvestre. Los taxidermistas los siguen en tanto que compiten en el Campeonato Mundial de taxidermia.
Corto documental de Nicole Triche, exclusivo para Aeon, ofrece una mirada equilibrada a una profesión poco común. Su película aborda una impresionante gama de temas, desde la relación entre taxidermistas, los animales y la naturaleza, a las luchas de los practicantes para ser tomado en serio como artistas. Más que una película peculiar sobre una extraña manía, taxidermistas arroja luz sobre un mundo que a menudo se pasa por alto (pero sorprendentemente vibrante) del arte, la ciencia y la competencia.


(Language: English
Director: Nicole Triche
Original music: The Claudes)
 

Nosotros os facilitamos un extracto del artículo original de Beckett Mufson para the creators project con sus enlaces correspondientes.



http://thecreatorsproject.vice.com/es/blog/animales-disecados-que-te-observan-con-rostros-humanos?utm_source=tcpfbes




Animales disecados que te observan con rostros humanos


Fortitude,© Kate Clark
Los animales disecados de Kate Clark te devuelven la mirada desde sus rostros humanos, como salidos de un cuento de hadas. Clark crea sus surrealistas criaturas como cualquier otro taxidermista, pero añade un par de detalles que hacen que su arte sea único. Solo trabaja con pieles imperfectas, que de otro modo seguramente acabarían desechadas, y remienda los agujeros, que normalmente se concentran en la cabeza, con rostros humanos hechos de arcilla.
"La mayoría de los animales con los que trabajo son mamíferos, y sus rostros tienen las mismas dimensiones, o mayores, que los de los humanos", explica Clark a The Creators Project. Trabajando con modelos vivos, la artista esculpe cada rostro y lo cubre con restos de la piel del animal, luego añade las orejas y cuernos para mantener su identidad. "Procuro dejar tanta piel como puedo y mantenerme fiel al diseño, aunque me interesa que los rasgos humanos se vean claramente y que la piel resulte tan aceitosa y porosa como la nuestra".
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A pesar del aspecto misterioso de su obra, el objetivo de Clark no es que acabemos con los pelos de punta, sino que intenta degradar a la humanidad como especie. "Quiero dar dignidad a todas mis esculturas. Sus expresiones son tranquilas y normalmente hago que su mirada se dirija a la del espectador, situándola al mismo nivel para deshacer la jerarquía del hombre sobre el animal", explica. "Cuando el espectador observa las esculturas, normalmente tiene la suficiente curiosidad para seguir observándolas tras su primera reacción. Se detiene el tiempo suficiente para acabar reconociéndose en la obra y encontrar el significado en esa conexión. Me gustaría que el espectador reconociera que somos parte del reino animal y pensara sobre los rasgos primitivos que conservamos".
Esto nos lleva a plantearnos la cuestión de si resulta efectivo promover la empatía hacia el reino animal utilizando pieles de animales de caza. Clark afirma: "Soy consciente de que utilizar pieles reales puede resultar molesto para los espectadores, pero para mí la transformación de la verdadera piel del animal es una parte importante del debate. El cuero es un material muy específico y el modo en que yo lo utilizo, revelando el pelo y los poros y aceites que son iguales a los nuestros, tiene un poder y un sentido que no se reflejaría con cualquier otro material".
A continuación puedes ver las esculturas disecadas de Kate Clark:
Licking The Plate, © Kate Clark
Licking The Plate detail, © Kate Clark
Charmed,© Kate Clark
Charmed detail,© Kate Clark
She Gets What She Wants, © Kate Clark
Rivalry, © Kate Clark
Bully, © Kate Clark
My Heart Beats Like Thunder, © Kate Clark
Pray, © Kate Clark
Encontrarás más información sobre el trabajo de Clark en su página web.
Traducción de Rosa Gregori.
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Bichos cristalizados que parecen piezas de joyería





Las mujeres dominan el mundo de la taxidermia alternativa

octubre 22, 2014
Por Claire Voon

Divya Anantharaman en la Feria de Taxidermia Alternativa. Foto por la autora.

Cuando la taxidermia se popularizó durante la época victoriana, la actividad era cosa de hombres que cazaban animales, les quitaban la piel y la carne y luego los embalsamaban. Algunos taxidermistas reconocidos son John Hancock (no el revolucionario estadunidense), Charles Waterton, Carl Akeley, William Hornaday y John James Audubon. Casi no había ninguna mujer taxidermista famosa; la única era Martha Ann Maxwell, a quien se conoce como la primera naturalista de campo.
Si entras en una tienda de taxidermia hoy en día, lo más probable sea que te atienda un señor mayor especializado en taxidermia cuya familia se ha dedicado al negocio durante generaciones. Sin embargo, la taxidermia ya no es exclusiva de los hombres. Durante la última década ha incrementado el número de mujeres que se dedican a este arte, gracias al auge de la taxidermia alternativa.
El término rogue taxidermy (taxidermia alternativa) fue acuñado en 2004 por artistas como Sarina Brewer y Scott Bibus, cofundadores de la Asociación de Taxidermistas Alternativos de Minnesota (MART, por sus siglas en inglés), la única organización oficial de este tipo. "La taxidermia alternativa es un tipo de escultura pop surrealista en la que se utilizan materiales tradicionales y de taxidermia de una forma poco convencional", dijo Robert Marbury, el tercer cofundador de MART. "Tratamos de ser lo más éticos posible. Reutilizamos y aprovechamos todo lo que se pueda del animal para no desperdiciar nada. Así ayudamos a la conservación del planeta y también a nuestros bolsillos". En vez de concentrarse únicamente en la mímesis de los especímenes, los taxidermistas alternativos crean obras abstractas que expresan una visión más visceral que los clásicos trofeos reales que se exhiben en pabellones de caza o en los montajes de los museos de historia natural. (Algunos prefieren que se les considere artistas que trabajan con materiales de taxidermia y no como taxidermistas). Los artistas utilizan materiales obtenidos de forma ética -es decir, no cazan- y el género ha ido adoptado una estética creativa de autor. Utilizan técnicas que aprenden por su cuenta o en clases de taxidermia que se imparten en lugares como Brooklyn, Londres, Los Ángeles y Baltimore. La taxidermia alternativa es accesible para todos los públicos y, curiosamente, el sector está dominado por las mujeres.
"La taxidermia alternativa está muy orientada hacia las mujeres", dijo Marbury. "En las clases, el porcentaje tiende a ser 80/20. Para su nuevo libro, Taxidermy Art: A Rogue's Guide to the Work, the Culture, and How to Do It Yourself  (Arte con taxidermia: Una guía alternativa sobre las obras y la cultura de la taxidermia y sobre cómo hacerlo uno mismo), Marbury habló con muchos artistas internacionales que trabajan en el sector de la taxidermia. Me reuní con Marbury en la fiesta de celebración de la publicación de su libro, que coincidía con la Feria de Taxidermia Alternativa de Brooklyn. La mayoría de los taxidermistas que vendían sus piezas hechas a mano en la feria eran mujeres, incluyendo a Divya Anantharaman, quien había participado anteriormente en un documental de VICE llamado Taxidermy Babe.
Amber Maykut, una artista de taxidermia autodidacta que vendía su obra en la feria, me dijo que había convertido una de las habitaciones de su piso de Williamsburg en un "estudio de taxidermia". De sus tiempos como profesora de taxidermia en la Biblioteca de Anatomía Patológica (ahora reconvertida en museo), Amber recuerda que tenía "veinte estudiantes en su clase y solo uno era hombre". Las profesoras actuales del museo, Katie Innamorato y Anantharaman (quienes también participaron en la feria), aseguran que en sus clases ocurre lo mismo. Innamorato afirma que cada año entran más mujeres a su taller y Anantharaman dice que normalmente la proporción de mujeres en su clase es de entre el "95 y el 99 porciento".
La taxidermia académica, no obstante, continúa siendo principalmente masculino. Pregunté a Richard Antomauro, dueño desde hace 48 años de una tienda de taxidermia tradicional en Nueva Jersey, cuántos hombres taxidermistas conocía. "Cientos", respondió. ¿Y qué hay de las mujeres taxidermistas?
"Conozco a una chica en Filadelfia", dijo. "Que yo sepa, es la única".
Es difícil determinar por qué la taxidermia alternativa atrae a más mujeres que a hombres, aunque las artistas tienen sus teorías. "Probablemente es porque no tienen que cazar animales y porque es una actividad que requiere habilidad con las manos", dijo Maykut. "No es una actividad varonil, más bien tiene que ver con manualidades".
Otros atribuyen la desproporción de sexos a las tendencias conductuales propias del género: "Todos los hombres dicen que las mujeres somos más detallistas", dijo Innamorato. "Para esta profesión se necesita mucha paciencia y las mujeres suelen tener mucha más paciencia que los hombres".
Brewer, el cofundador de MART, argumenta que la razón yace en que la evolución humana se rige por modelos establecidos basados en nuestra composición biológica. "La naturaleza programó a las mujeres con el instinto de la crianza y a los hombres con el instinto de matar", dijo. "Creo que por eso hay tantas mujeres en el ámbito de la taxidermia alternativa y tantos hombres en el mundo deportivo".
Sin embargo, a pesar de que el trabajo de algunas mujeres que se dedican a la taxidermia ha recibido elogios por parte del público, su gran contribución artística aún no ha obtenido el respeto que merece. Según Marbury, las mujeres que muestran sus obras de taxidermia por internet reciben "respuestas sexistas" y en cambio, "los hombres, no".
"Ni siquiera a Scott [Bibus], que hace cosas sangrientas y que parecen zombis, le faltan tanto al respeto como a algunas de las mujeres", dijo Marbury.

'El pequeño mono ayudante de mamá', por Sarina Brewer.
Sin embargo, el estigma que tienen las mujeres no existe en el negocio real de la taxidermia, a pesar de lo competitivo que es. Muchas taxidermistas alternativas que han acudido a hombres taxidermistas para aprender de sus habilidades han dicho que sus experiencias han sido positivas".
"Creo que les parece muy interesante", dijo Anantharaman. "A la mayoría de los taxidermistas tradicionales les encanta la taxidermia alternativa porque la ven como la nueva generación de artistas que interpretan esta vieja forma de arte de una manera distinta".
A continuación os presento a algunas mujeres que se dedican a la taxidermia alternativa. En el libro Taxidermy Art, de Marbury, podéis ver más de la obra de estas mujeres.
Lisa Black, 32 años, Brisbane, Australia
VICE: ¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Lisa Black: Es un reflejo de nuestra innegable evolución tecnológica. Ver animales con accesorios mecánicos integrados cuidadosamente nos motiva a replantearnos nuestra definición de "naturaleza". Al crear belleza con esta supuesta paradoja, mi objetivo es provocar una reflexión sobre el concepto de un mundo dividido entre lo "sacrosanto" de la naturaleza y lo "vulgar" de la industria.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Creé un cocodrilo mecánico hace unos años y le instalé en el cuerpo el mecanismo de un reloj antiguo. Podías darle cuerda y ver cómo giraban los engranajes, haciendo que pareciera que estaba vivo. Al parecer, a mucha gente le recordaba al cocodrilo de Peter Pan.
¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

He recibido muchos comentarios negativos y sexistas a lo largo de los años, aunque eran más frecuentes cuando estaba empezando. Al principio, recuerdo que alguien me envió una foto editada con Photoshop de mi cabeza en un cuerpo mecánico de bebé. Las partes mecánicas eran de mis esculturas. Me lo enviaron con la intención de ofenderme, pero estaba tan mal editado y era tan ridículo que me hizo reír.


Foto por Adam Murphy, de Deep Grey Photography
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Sarina Brewer, Minneapolis, Minnesota, EUA
¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Sarina Brewer: El folclore, la mitología y las anomalías de la naturaleza influyen mucho en la creación de mis esculturas de taxidermia. Incluso la criptozoología y los mitos urbanos influyen en mis obras. Como los animales son reciclados, suelen venir con alguna clase de imperfección. A menudo las pieles no se pueden usar completas porque están dañadas por algún lado, por eso acabo utilizando retales distintos que me han sobrado. De esta forma me obligo a inventar toda clase combinaciones de animales que se me ocurren -esas son mis piezas favoritas-. Los materiales que utilizo son restos de ganado, animales que mueren accidentalmente durante el comercio de mascotas, animales que murieron por causas naturales, animales peligrosos donados y animales que murieron atropellados.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Creo que es El pequeño mono ayudante de mamá [arriba]: es una pieza irónica y autobiográfica que consiste en un mono alado ataviado con un fez y cuidando un martini. El título es un juego de palabras, una combinación de la canción "El ayudante de mamá" de los Rolling Stones (que se refiere a que mamá necesita algo para relajarse) y los animales de servicio llamados "monos ayudantes". Estos animales están entrenados para cuidar a personas tetrapléjicas. Muchos me preguntan si tiene algo que ver con El mago de oz... Pero no, simplemente me gustan mucho los monos y el vodka.

¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

Es verdad que los hombres que se dedican a esta actividad no reciben la misma crítica sobre su trabajo que la que recibimos las mujeres. Se espera que las mujeres se dediquen a la crianza. Una mujer que hace algo "irrespetuoso" al cadáver de un pobre e inocente animal no se ajusta a las expectativas sociales y la gente (en general otras mujeres) se escandaliza. Podría hacer un libro con todos los correos ofensivos que me han llegado durante todos estos años. Mi favorito fue uno que decía: "Te voy a colgar de un gancho de carnicero, maldita perra". Una vez alguien me amenazó con atropellarme a mí y a toda mi familia con su Harley.
Pero ahora en serio, las pioneras como yo, que llevamos muchos años en esto, nos hemos llevado la peor parte con estas amenazas, pero hemos allanado el camino a las mujeres jóvenes que acaban de entrar a este campo. En la actualidad, ya no es tan malo como antes y ese cambio es cada vez más notorio. Estoy a punto de batir un récord mundial: llevo casi un año sin recibir ni una amenaza por correo.
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Katie Innamorato, 24 años, Nueva Jersey, EUA
¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Katie Innamorato: Mi obra se centra mucho en la conexión cíclica entre la vida y la muerte, entre el crecimiento y la descomposición. Hace años que me siento fascinada por la descomposición. También busco el concepto del recuerdo y formas diferentes de hacer un homenaje a los animales muertos. Mi obra actual está más centrada en los cuentos de hadas, en comparación con mis obras anteriores.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Mi pieza favorita es también la más famosa: El zorro de musgo. Me vienen muchas ideas a la cabeza, pero esa pieza parece activado algún resorte creativo. Visualicé a un zorro muerto al que salía musgo y liquen del cuerpo. Todo el mundo dice que sus ojos les llaman poderosamente la atención, que se quedan grabados en la mente.
¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

Sólo me han atacado una vez y fue cuando estaba haciendo la tesis para la universidad. A un vigilante de la facultad le molestaba que hiciera esta clase de cosas allí y un día me arrinconó en mi estudio y me sermoneó diciéndome que no le parecía correcto lo que estaba haciendo. Después llamó al departamento de conservación ambiental y al de salud y seguridad, quienes le aclararon que lo que yo hacía era legal y seguro. Lo denuncié por acoso, al igual que hicieron otros estudiantes que oyeron todo el alboroto por casualidad. Aparte de ese idiota, he tenido mucha suerte.

'El zorro de musgo' por Katie Innamorato.
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Kate Clark, Brooklyn, Nueva York
¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Kate Clark: Hago esculturas conceptuales, fusiono rostros humanos y cuerpos animales de una manera realista. Utilizo la taxidermia como medio para iniciar una conversación, pero en lugar de presentar la "jerarquía" del ser humano por encima del animal, como lo hace la taxidermia tradicional, el espectador ve un equilibrio entre el ser humano y el animal. Esta visión provoca una reacción primitiva y obliga al espectador a replantearse esta relación.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Una de mis piezas favoritas es un oso negro que hice para un exposición individual en una galería de Nueva York. Mi hermana fue la modelo. Tenía una fecha límite para terminar la pieza. El oso estaba sobre un pedestal alto y miraba hacia abajo. Cuando le puse el último alfiler y la miré terminada, fue un momento mágico -la impresión de que estaba viva era mucho más fuerte que la de todas mis otras piezas-. Ni siquiera estaba segura de haberla hecho yo. Esa pieza fue decisiva para ganar confianza y plantearme metas como artista. Incluso se vendió antes de la inauguración. La compró una importante colección de Suiza.
¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

La verdad, soy una mujer que trabaja en el campo del arte contemporáneo: museos, galerías y coleccionistas. Este campo está completamente dominado por hombres. Cuando presento mi obra en un museo o en una galería, a menudo escucho a los espectadores refiriéndose al artista como "él" incluso a pesar de que mi nombre está escrito en la pared. Pero me gusta el elemento sorpresa cuando me reúno por primera vez con un coleccionista. Es una faceta adicional de esa "reflexión" que forma parte de mi obra.

Kate Clark, 'Oso negro', del libro 'Taxidermy Art', de Robert Marbury (editorial Artisan Books). Copyright © 2014. Foto cortesía de la artista.
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Foto por Jared Joslin.
Jessica Joslin, 43 años, Chicago, Illinois
¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Jessica Joslin: Hago especies híbridas. Combino cráneos y huesos con esculturas de metal.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Soy superfan de David Lynch. Hace unos años, me invitaron a participar en una exposición de arte para celebrar el vigésimo aniversario de Twin Peaks. En esa exposición había a un grupo extraordinario de artistas, entre ellos estaba David Lynch. Hice un búho cornudo maravilloso llamado Cooper para esa exposición. Tenía unas enormes alas de plata con plumas de latón y una amenazadoras garras de metal fundido. En la cabeza tiene un casco de filigrana plateada que recrea la forma peculiar que tienen los mechones de orejas del búho. Por eso se llama búho cornudo. Su mirada es penetrante. Parece como si estuviera lanzándose en picada para atrapar a su presa. Si eres el espectador, la presa eres tú.
¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

Creo que he tenido mucha suerte. De vez en cuando me molestan pero, en general, todas mis interacciones han sido positivas. Estoy muy agradecida por eso.
Foto por la autora.
Amber Maykut, 33 años, Brooklyn, Nueva York
¿Podrías hablarme de tu trabajo?

Amber Maykut: Hago taxidermia antropomórfica, en especial con ratones y mariposas. Reutilizo piezas vintage, animales que murieron atropellados, restos de ganado, animales peligrosos, animales que se usan como alimento, animales que murieron accidentalmente durante el comercio de mascotas y donaciones.
¿Cuál es tu pieza favorita?

Hice una pieza de taxidermia antropomórfica de un hurón usando un uniforme militar, con botas, boina y una colección de armas. El animal era una mascota que murió y me lo donaron. No sé por qué, pero me obsesiona esta pieza, al igual que a muchas otras personas. Creo que tiene algo especial. Se ganó un lugar especial en mi corazón.
¿Cómo es dedicarse a la taxidermia siendo mujer?

Han calificado a mi obra como bonita, adorable y extravagante. También la han tachado de enfermiza, inmoral y pésima. Con frecuencia, la gente asume que yo he matado a los animales. Me parece que de ahí se origina la reacción negativa de la gente. Siempre trato de tomar las malas críticas de la mejor manera posible. Recibir atención y críticas que no pedimos es parte de ser mujer. Creo que una gran parte de mi desarrollo personal en el transcurso de los años se debe que aprendí a ser valiente y hacer lo que se me antoje porque de todas formas me van a criticar. Si hago lo que quiero, al menos hago feliz a una persona: a mí.

Foto por Del Almeida.

http://www.vice.com/es/read/las-mujeres-dominan-el-mundo-de-la-taxidermia-alternativa-274?utm_source=vicefbes

lunes, 15 de junio de 2015

Maestros de la taxidermia en competición y un breve comentario crítico sobre esta disciplina.


Uno de los bizarros ejemplos que ilustran el trabajo documental de Rachel Poliquin


Hace un tiempo, la editora del blog Taxidermy-Ravishing Beasts, autora a su vez del libro The Breathless Zoo: Taxidermy and the Cultures of Longing, Rachel Poliquin, anunciaba el cese de su actividad bloggera debido a su gestación de gemelos.
Especializada en la documentación de usos artísticos y expositivos de piezas de Taxidermia, una suerte de Antrozoología del Arte Disecado, el interesante trabajo de Poliquin nos ha proporcionado más de una entrada y ha complementado muchas de las que hemos ogrecido desde el Animal Invisible. Pese a nuestro rechazo por este tipo de actividad, también siempre hemos reconocido nuestra fascinación e interés por sus manifestaciones y Ravishing Beasts constituía nuestro referente más serio y metódico en cuanto a selecciones de obras e instalaciones artísticas que recurrían a la Taxidermia.
Hasta que la maternidad deje de ser un obstáculo para las actividades divulgativas de Rachel Poliquin, su blog ha quedado paralizado y sin nuevas actualizaciones, pero estoy seguro de que habría dado cuenta del evento que hoy traemos a colación en nuestro propio espacio: el campeonato mundial de taxidermia celebrado en Missouri, cuyos criterios de selección son interesantes para definir qué se puede considerar un buen trabajo de taxidermia, o cuáles son las características que definen un animal BIEN disecado de un animal MAL disecado, lo cual atñe no sólo a técnicas específicas de conservación del material orgánico implicado, sino a la calidad expresiva de las técnicas escultóricas que lo sustentan.

Otra imagen del libro de Rachel Poliquin

Acerca del libro de R. Poliquin




A continuación, un extracto del artículo del Spriengfield Journal sobre el evento:

SPRINGFIELD, Missouri - Entramos a través del vestíbulo a la sala de convenciones para acceder al montaje de la instalación de una colección de mamíferos muertos, aves y peces cuyos propietarios observan a la luz natural para ultimar a la perfección antes del show. Un hombre con una gorra de camuflaje optimiza el aspecto del plumaje de un faisán en su ubicación. Otro hombre, blandiendo un soplador de vacío, ahueca la melena de un león suspendido sobre un jabalí, y una mujer cepilla lo que parece una comadreja perfectamente peinada.

"Tiene que ofrecer el mejor aspecto ante los jueces," comenta la mujer, Amy Carter Ritchie, de 28 años, de Statesville, Carolina del Norte. 


Comentarios de este tipo son recogidos por el artículo del Spriengfield Journal, que destaca de las declaraciones de los concursantes su preocupación por ajustarse al realismo o naturalidad de sus piezas, que implica, por ejemplo, conseguir que el pelo aparezca esponjado o erizado si se supone que el aimal vive en un entorno frío o nevado.

El artículo incide en el hecho de que la taxidermia es a menudo vista como un fetiche del hombre de las cavernas, con gran juego montado en paredes de madera oscura.  

Pero en los Campeonatos Mundiales de  Taxidermia  en Springfield, hace apenas un par de meses, los asistentes y participantes a menudo parecían  extraídos de una escuela de arte o un laboratorio de anatomía, y el detalle realista lo invadía todo. Lo curioso es que se parte de una concepción del arte como aquella actividad que reproduce fielmente y con detalle los elementos de la naturaleza, y, sin embargo, se añade la precisión científica propia de un laboratorio de anatomía como algo ajeno a las disciplinas artísticas.
El artículo original de Brent McDonald detaca la masiva participación de representantes de 48 estados y de lugares tan lejanos como Nueva Zelanda que se congregaron en esta ciudad de 160.000 habitantes en las montañas Ozark para presentar su mejor pavo, pez sol o caracal a cambio de una crítica y tal vez una cinta. Más allá de la competición, el evento cuenta con seminarios, una feria comercial y competiciones de escultura para ayudar a los competidores a perfeccionar su oficio.Y alrededor de la sala de convenciones, se detecta, al parecer, un cambio en la demografía de la  taxidermia - tradicionalmente blancos, varones y rurales - se manifiesta en pantalla."Tenemos más damas presentadas al concurso de este año que casi cualquier año que puedo recordar", expone Larry Blomquist, el organizador del evento desde 1988 y el editor de Breakthrough, una revista especializada en taxidermia. 
El Campeonato Mundial de Taxidermia, fundado en 1983, siempre se ha visto como la principal competencia en el campo, destinado a elevar y recompensar la calidad en el diseño y concepto. El evento de este año atrajo a casi 500 solicitantes de registro y contó con clases con títulos como "Selección de esqueletos de lechones" y "Montaje de un pato joyuyo volando". Los proveedores vinieron con ofertas en los últimos instrumentos del oficio: agentes de bronceado, polímeros y partes del cuerpo de uretano.Pero la emoción se centró en el concurso y en las obras de salvaje realismo."Esto es, no más grande, mejor o más alta," dice Danny Keener de Choctaw, Oklahoma.,  sobre el nivel de competencia. Levanta la gruesa piel  en la parte posterior de su pecarí de collar para revelar un pequeño nódulo. "Es la recreación de una glándula odorífera", dice Keener. "La mayoría de los clientes ni siquiera sabría buscarla, pero un juez lo hará". Algunos de los nuevos contendientes estaban cerca: Allis Markham, de 32 años, había volado desde Los Ángeles con un grupo de 10 taxidermistas femeninas con vestidos a la moda y con el pelo en dos tonos y tatuajes. En 2011, Markham dejó un trabajo como directora de estrategia de medios de comunicación social para la Walt Disney Company, y un salario de seis cifras, para convertirse en aprendiz bajo la tutela de Tim Bovard, el taxidermista principal del Museo de Historia Natural de Los Ángeles. Más tarde fundó Presa Taxidermia, un estudio profesional a la vez que escuela. "Pensé, '¿Por qué no dejar de trabajar en la tecnología de sangrado de punta para hacer algo que fue muy popular en la época victoriana?'", comenta Markham. Le pareció un buen redireccionamieno de su carrera. El artículo también destaca las declaraciones de esta profesional al respecto de su anhelo de una existencia más táctil después de una dedicación profesional al mercado digital, prestando atención al éxito popular de la taxidermia como una especie de moda superficial que usaba a los animales disecados como figurines sobre los que poner prendas de ropa. Según extraemos del texto original, los nuevos devotos como Markham pretenden desarrollar no sólo otro tipo de trabajos a barcar un nuevo mercado, sino ser percibidos como otro tipo de artesanos alejados del taxidermista carnicero y paleto, centrando su interés en la taxidermia como una manera de profundizar en el conocimiento sobre la anatomía y la etología del animal disecado. Con todo, yo no puedo evitar, al leer el artículo, sorprenderme ante este pretendido respeto y afán de conocimiento zoológico o de amor a la naturaleza basado en el contacto del animal muerto o incluso en el disfrute del proceso de desollado, como afirma Hannah Juárez, de 26 años, (ver texto original en inglés más abajo)  "Me gusta el proceso de desollado. Es mi parte favorita." Llega incluso a calificarlo como terapéutico. Y, en general, lo que deducimos es que todos estos aficionados a las formas animales, al arte de las reproducciones zoológicas, en el fondo ansían la posesión de la esencia motriz y dinámica de las criaturas en una estampa evocadora lo más realista posible, fundiendo los méritos de la fotografía (como ya habíamos hecho notar en comentarios precedentes) con la tridimensionalidad de la escultura para acabar dotádola del perfeccionismo de detalle no sólo visual sino también táctil que ofrece la presencia física del animal para su observación superficial: su propia piel, lo que convierte al ejemplar no sólo en un objeto de observación y fascinación, sino, digámoslo ya, en un simple objeto, en material de intercambio o coleccionismo, cuyos méritos se basan en su parecido con la presencia viva del animal, y así, al igual que los médicos examinan a los pacientes, buscan inconsistencias en las piezas e inspeccionan los ojos y orificios con linternas y lentes de aumento. Los jueces, los ex campeones en el campo, están atentos a  detalles anatómicos y atributos específicos de la especie que serían pasados por alto por la mayoría de los observadores. Se suman o restan puntos en función de la calidad de las membranas nictitantes, venas del oído o los genitales. Como en cualquier competición de élite, la preparación importa, y los nervios impregnan la competición. Pete Ciraulo, de 49 años, relata, por ejemplo, cómo en su intento de última hora de optimizar la presentación de su pieza (un pato) en un "estanque" de resina le costó poco menos que la expulsión del hotel en que se hospedaba debido a la precipitada ventilación de su habitación al haberse incendiado la resina (por un exceso de catalizador, de acelerante, o de ambos, supongo) con la que sugería el agua de dicho estanque.
Raymond Kowalski, un juez de la categoría de mamíferos, explica que la taxidermia ha pasado de ser simplemente replicar la apariencia de un animal a crear una instantánea de su comportamiento y su hábitat."Se trata de la capacidad artística del taxidermista para contar una historia".

 Al final, el premio al mejor de la exposición fue a un par de faisanes de anillo de cuello fijados en pleno ballet de combate aéreo. El taxidermista ganador fue Lowell Shapley, de 35 años, un muralista de la fauna y agricultor oriundo de Wanette, Oklahoma, que ejerce de taxidermia para el Houston Museum of Natural Science.Había triunfado aquí antes. En 2011, sus tucanes barrieron en los principales premios, incluyendo el Premio Carl E. Akeley de arte, llamado así por el patriarca de la taxidermia moderna, quien en la década de 1920 creó muchos de los dioramas en el interior del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Los jueces y competidores por igual se maravillaron de  la composición vertical de Shapley en equilibrio sobre dos plumas de la cola."Después de mucho ensayo y error", dijo, "fui capaz de insuflar un poco de vida de nuevo en las plumas utilizando un poco de alambre muy fino y un poco de ingenio."

| Springfield Journal

Masters of Taxidermy Seek to Replicate More Than an Animal’s Appearance

SPRINGFIELD, Mo. — They entered through the convention hall lobby — a mounted menagerie of dead mammals, birds and fish whose owners paused in the natural light to primp them to perfection before the show. A man in a camouflage cap tweezed a pheasant’s plumage into place. Another man, wielding a blower-vacuum, fluffed the mane of a lion suspended midpounce over a warthog, and a woman brushed what looked like a perfectly coifed weasel.
“He has to look his best for the judges,” the woman, Amy Ritchie Carter, 28, from Statesville, N.C., said as she groomed a furry fisher mounted on a snow-covered pedestal.
“I try to get the hair to stand up, because, you know, he’s cold,” she added. “He’s in the snow. He’s going to be very fluffy and bristled up.”




Taxidermy is often seen as a man-cave fetish, with big game mounted on dark wood walls. But at the World Taxidermy and Fish Carving Championships in Springfield last month, the attendees and participants often seemed to be drawn from an art school or an anatomy laboratory, and lifelike detail was everything.



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Inside The World Taxidermy Championships

Inside The World Taxidermy Championships

CreditWhitney Curtis for The New York Times

Taxidermists from 48 states and from as far away as New Zealand arrived in this city of 160,000 people in the Ozarks to submit their best turkey, bluegill or caracal in exchange for a critique and perhaps a ribbon. Beyond the competition, the event features seminars, a trade show and sculpturing races to help competitors hone their craft.
And around the convention hall, a shift in the demographics of taxidermy — traditionally white, male and rural — was also on display.
“We have more ladies entered in the competition this year than just about any year I can remember,” said Larry Blomquist, the organizer of the event since 1988 and the publisher of Breakthrough, a taxidermy trade magazine.
The World Taxidermy Championships, founded in 1983, have long been seen as the premier competition in the field, intended to elevate and reward quality in design and concept.
This year’s event drew nearly 500 registrants and featured classes with titles like “Carcass Casting Piglets” and “Mounting a Flying Wood Duck.”
Suppliers came to offer deals on the latest implements of the trade: tanning agents, polymers and urethane body parts.
But the excitement centered on the contest and on works of wild realism.
“This is it, ain’t no bigger, better or higher,” Danny Keener of Choctaw, Okla., said of the level of competition.
He lifted the coarse fur on the back of his collared peccary to reveal a small nodule. “It’s a recreated scent gland,” Mr. Keener said. “Most customers wouldn’t even know to look for it, but a judge will.”
Some new contenders stood nearby: Allis Markham, 32, had flown in from Los Angeles with a group of 10 female taxidermists wearing fashionable dresses and with two-tone hair and tattoos. In 2011, Ms. Markham left a job as director of social-media strategy for the Walt Disney Company, and a six-figure salary, to apprentice under Tim Bovard, the lead taxidermist at the Natural History Museum of Los Angeles.



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Competitors displayed works as small as a mouse. Credit Whitney Curtis for The New York Times

She later founded Prey Taxidermy, a studio and school.
“I thought, ‘Why not leave working in bleeding-edge technology to do something that was popular in the Victorian era?’ ” Ms. Markham said. “Yeah, that’s a good career move.”
She said she had yearned to trade the digital life for a more tactile existence.
She worried, she said, about people viewing taxidermy’s popularity among the “hip urban demographic” as little more than shallow interest in stuffing rats and putting clothing on squirrels.
There is a view, Ms. Markham said, that taxidermy’s new devotees are “taking it less seriously than these gentlemen who’ve been doing this for years.”
“I hope that perception is not placed on me,” she added. “They don’t want to be seen as hicks and hillbillies, and we don’t want to be seen as a bunch of girls doing this as something besides their hair.”
The night before the competition started, Ms. Markham and the other members of her group gathered in a hotel room to put the finishing touches on their pieces, mostly small birds donated from pet stores, aviaries and zoos.
“This is one way to get really, really up close to an animal and know everything about it inside and out,” Ms. Markham said as she mounted a plush-crested jay on a black pedestal.
Hannah Juarez, 26, sat nearby, grooming a European starling. “I like the skinning process,” she said with a touch of whimsy. “It’s like my favorite part. It’s so therapeutic to just sit and skin things.”
As Ms. Markham and her colleagues walked around the show, a documentary film crew followed closely behind. “This is all just epic to me,” Ms. Markham said. “To have seen taxidermy in boutiques or antique stores and then to look around here and be like, ‘Oh, this is the level.’ ”



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Allis Markham with her husband, David Iserson, learning she earned honors in Springfield, Mo. Credit Whitney Curtis for The New York Times

On the second day of competition, with more than 500 pieces of taxidermy positioned in the convention hall, the doors closed and the judges — 24 men and two women — got to work. Like doctors examining patients, they looked for inconsistencies and inspected eyes and orifices with flashlights and magnifying lenses.
The judges, former champions in the field, were attentive to the minute anatomical details and species-specific attributes that would be lost on most consumers. Points were added or subtracted according to the quality of nictitating membranes, ear veins or genitalia.
As in any elite competition, preparation mattered, and nerves ran ragged.
Pete Ciraulo, 49, drove in from Idaho with a canvasback duck he shot and mounted atop a glossy pool framed with rope. With his work submitted at last, he looked exhausted.
The night before, he explained, a hotel manager had threatened to eject him after someone reported seeing him hanging out a sixth-floor window in search of ventilation. Mr. Ciraulo had been in his room trying to repair his pool of water, which he created from resin, when the piece caught fire.
“It’s been a really bad time,” he said. “The pressure got to me.”
Raymond Kowalski, a mammal judge, explained that taxidermy had evolved from merely replicating an animal’s appearance to creating a snapshot of its behavior and habitat.
“It’s about the artistic ability of the taxidermist to tell a story, what happened here,” he said. “It’s no longer Grandpap’s deer head on the wall. It’s wildlife art.”
In the end, the prize for Best in Show went to a pair of ring-necked pheasants fixed in balletic aerial combat. The winning taxidermist was Lowell Shapley, 35, a wildlife muralist and egg farmer from Wanette, Okla., who does taxidermy for the Houston Museum of Natural Science.
He had triumphed here before. In 2011, his keel-billed toucan swept top awards, including the Carl E. Akeley Award for artistry, named for the patriarch of modern taxidermy, who in the 1920s created many of the dioramas inside the American Museum of Natural History in New York.
Judges and competitors alike marveled at how Mr. Shapley’s vertical composition balanced on two tail feathers.
“After a lot of trial and error,” he said, “I was able to pull a little bit of life back into the feathers using some very fine wire and a little bit of ingenuity.”